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Humor negro y negra realidad feminista: Antitodo, ¡show de cabaret!

En conversación con cervezas y cigarros y Elías García, de La Pizza de la Ardilla Amarilla, tuve que preguntarle ansiosamente en qué demonios pensó cuando se cuajó la mejor escena teatrística de drama lagrimal que he visto en algunos años; no diré de qué es la escena para evitar el espoileo, sólo parafrasearé al aún cachivache: lo que pasa es que yo tengo una hija, y pienso en todo lo que a ella le puede pasar, me devasta la idea.

Elías García toma el humor negro bastante bien, tanto que a veces aparecen algunos silencios del público que quizá debieran ser risas; aunque, me dice Elías, el show solía ser aún más brutal del que me tocó presenciar.

Antitodo, show de cabaret, es la encarnación de Lynna Limones, cuyo diseño en el panfleto (una mujer de pelo largo y curvas pronunciadas) realmente no tiene nada que ver con la Lynna en persona.

Lynna Limones, a su vez, es la encarnación de la sátira negrísima del feminismo en su concepción risible. Aquí es donde debo levantar la bandera de advertencia y asegurarle al lector que si su umbral de comicidad es muy pequeño, no debe, de ninguna manera, asistir a Antitodo, porque, le aseguro, terminará levantándose de su asiento y no quiero que nos tape la acrobática interpretación de vulgaridades que Elías con mohawk y vestido de flores nos brinda a diestra y siniestra (más a siniestra).

Para que se hagan a la idea, Lynna es una mujer que ha sufrido un montón, y que por su pasado se avienta unas diatribas bárbaras en contra de un mundo que le ha dejado en abandono debido a su género y a su alto atractivo. Esta sociedad en la que vivimos le ha dado la espalda, a Lynna Limones, y ella no sólo quiere contar su historia, sino, también, conmover a quienes le ven en el cabaret y dejar, finalmente un mensaje bélico ante una realidad que exige la lucha.

Y lo hace, vaya que Elías García y Lynna Limones logran dejar un mensaje con mucho éxito y, de paso, sacarte carcajadas inmorales y, además, nudos en la garganta por atinarle tanto a la realidad.

Después de embutirse dos cervezas como si fueran Yakults; Elías García me platicó que él no se considera actor, que nunca ha estudiado, propiamente, el oficio o la carrera de la actuación. Yo le insistí que sí, que el actor es el que actúa y bueno, después de ver a Elías sacarse de la manga improvisaciones hilarantes, tocar ambos la guitarra y el ukelele, aunque no sea un instrumento de verdad (chiste privado, tendrías que ir a ver Antitodo), y recitar un hip hop talentosísimo con los poemas de Jorge Luis Borges y algunos propios del comediante; yo podría decir que sí, aunque me maldigan los que sí han estudiado; yo diría que sí, que Elías es un actor, comediante y creador muy bueno.

Lo mejor de todo es que para desmentirme tendrías que ver el show de cabaret en el foro de la Ardilla Amarilla o en cualquier otro foro que se presentase para observar cómo el artista se para frente a ti una hora y juega con ambas tu percepción moral del feminismo y tus sentimientos respecto al movimiento.

Hay que saber, antes de hacerse alusiones equivocadas, que Elías no es un troll sátiro con síndrome de Tourette que busca desacreditar un movimiento de equidad de género; al contrario, como él mismo dijo, el tema es algo que le duele, la sociedad padece de machismo y él lo sabe y, si entendí bien, el padre de familia usa la comedia para demostrarlo, para declararse en contra de las injusticias y conseguir, a su forma, una consciencia social.

Para más información sobre futuras funciones, pregunten en Pizza de la Ardilla Amarilla.

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