investigación deuda, influencias y gastos sobre secretaría de inversión público productiva de Miguel RiquelmePortada Reportaje
Image default

11 de agosto

He dejado claro a mi esposa que dejaré de comer tanto, mi barriga tiene el tamaño de una de sus pelotas de yoga. Cuando me casé con ella le prometí cuidarme, hace ya tres años que no dejo las gorditas de chicharrón todas las mañanas. Es culpa de la señora, que se pone en la esquina del trabajo, y me avienta su carita de pocas ventas; unos salvan árboles, otros dan dinero a albergues o a chicos en la calle, yo le ayudo a la señora; el otro día vi que alcanzó a comprarle un carrito a su hijo más grande para que fuera a la escuela, díganme si no soy un pan de Dios.

Empiezo escribir aquí porque Martha me dijo que parte del proceso es documentar nuestros avances en escrito, para que nos leamos a nosotros mismos en el pasado y nos mantenga la inspiración. Ay, Martita, tan bella, me casé con ella justamente porque siempre me sorprenden sus ocurrencias, siempre trae algo diferente y yo siempre ando con las ganas de hacer lo que se le ocurra; ella me cuida, me cuida mucho, qué bueno que la conocí: la adoro.

Aunque, últimamente me ve diferente; estoy al tanto de que en algún punto todos los matrimonios se aguadan, y alguna de las piezas comienza a dudar de la estructura; quizá Martha está mareando alguna duda en su cabeza. Por eso tengo que ponerme las pilas en la espalda, para bajar la barriga y tomar a mi esposa por la cadera y levantarla y que me vea desde arriba, con los brazos bien macizos y la panza aplanada y que me sonría como solía hacerlo hace un lustro.

Hoy empezaré a caminar en el bosque, daré unas dos vueltecitas; empiezo con 140 kg encima, tengo 60 kilogramos de más por mi metro ochenta. Le hablaré a la amiga de Martita, ¿Claudia?, que me haga una cita en su consultorio para que ver qué me va a recetar de comedera.

Adiós a las gorditas y adiós al gordito.

18 de agosto

La primera semana siempre es la buena y cuando uno está pasadote de peso como yo, es fácil dejar ir kilos. Ahora que ya se me fueron tres, sentí que se me iban saliendo mariposas de 100 gramos del ombligo mientras me deslizaba por el Bosque. Tremenda experiencia bajar la panza en el Bosque Venustiano Carranza, va mucha gente, me parece inspirador, hay quienes traen una cara de gloria increíble, sudados hasta las caderas, qué bárbaros. Y qué mujerones, digo, Martha es Martha, el amor de mi gorda vida; pero qué cosas ve uno corriendo por los cuatro kilómetros y medio del bosque, una modelo tras otra, híjole, te digo, que si uno necesita inspiración para ponerse buenote nada más necesita ver las formidables posaderas que circulan por la pista del Bosque, tan rápidas andan que un peso pesado como su servidor ni alcanza a servirse bien el taco de ojo; dos o tres veces di unos saltitos de más como ya en el trote con tal de apaciguar al morboso que llevo dentro.

Hoy llegué empapado a la casa, Martha me recibió con una cara de pocos amigos; no sé qué tiene, le dije que ya se fueron dos kilos y apenas si me lanzó una sonrisita. Pero bueno, son dos kilos, yo creo que no quiere que me emocione y luego me apremie con unas gorditas del güero mañana temprano.

26 de agosto

Se fueron otros dos hijos de la chingada, ahora sí creo que se me salieron por el occipucio, he andado muy gaseoso. Espero que esto haga reír a mi futuro yo, no sabía que cambiar de comidas iba a afectar tanto mi estómago, si esto se vuelve más oloroso tendré que decirle a Clara (se llamaba clara) que me cambie las verduras. Hoy dizque trotaba por afuera del bosque, por lo mismo de andar de pedorro, y que viene un montón de señoras de esas guapetonas que hacen mucho deporte atrás de mí. Yo creo por lo morboso se me llenó de repente la panza de una burbuja de vergüenza, bajé la velocidad para que pudieran pasar antes de destrozar el camino; y sí, pasaron; pensé que estaba a salvo y troné los cuetes con toda vulgaridad sin saber que todavía quedaba una, la más pesadita del grupo, iba hasta atrás y le tocó el reventón. Es posible que les haya contado a las otras. A estas alturas  de la edad ya todos deberíamos saber las vergüenzas del cuerpo.

Llegué a contarle a Martha y hace mucho que no se carcajeaba como ahorita. Sentados, me dio un abrazo con las lágrimas todavía de la risa y se me subió en las piernas para besarme. Me dijo que me veía más delgado. Creo que ya me la estoy ganando de nuevo.

Artículos Relacionados

Sobre «Días de Ceniza» de Teresa Muñoz

Alfredo Loera

Se presentará libro de Bun Alonso en El Astillero Librería

Editorial

Conferencia sobre ausencias inconclusas

Jaime Muñoz Vargas
Cargando....