investigación deuda, influencias y gastos sobre secretaría de inversión público productiva de Miguel RiquelmePortada Reportaje
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Valeria se sacó el bra exactamente a las 11 con dos. Empezó a deliberar la posición adecuada. La que envió a Tomás fue una selfie desde arriba, por la cual se le veían sus senos de durazno joven al aire. Tomás, del otro lado del teléfono, se bajó la bragueta. Toc toc, gritó la puerta de su cuarto cuando Valeria se bajaba los calzones. Ma, no puedo, estoy ocupada, dijo en voz de hastío, deja de molestar, estoy bien, y acomodó la cámara del iPhone frente a su entrepierna.

Sonó la puerta. Ma, gritó, estaré bien. Que papá haga lo que quiera y llegue a la hora que quiera, estaré bien. El click de la cámara casi lo escuchó la madre, pero el enterque dio en su pantalla táctil, no. Al otro lado, Tomás aceleraba el pulso y la libido le impulsaba las ganas de pedir más material.

Hija, por favor, quita el seguro, dijo la madre con la garganta rota que le estorbaba al hablar e insistió en golpear la puerta de su hija. Valeria daba la espalda al espejo para enfocarse las nalgas cuando desesperó al fin y se dispuso a vestirse en bata para abrir la puerta. Qué quieres, mamá, puta madre, no tengo privacidad. La mamá, de ojos rojos y mocosa, balbuceó: tu papá tuvo un accidente, Valeria, y ,tú papá murió.

Valeria enmudeció y al mismo instante llegaba una nueva notificación de Tomás: terminé, Val.

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