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La conjura de los necios

John Kennedy Toole se suicidó al no lograr que le publicaran su novela. Al menos eso fue la gota que derramó el vaso. Fue un adelantado a su época, un ser que cayó en el cliché de la incomprensión y desahogó su locura en un papel, construyendo un libro brillante, maravilloso, simpático y perfecto de principio a fin.

                Ignatius Reilly, célebre protagonista de la novela, es un personaje perfecto, delineado con una precisión escultural  y magnífica; gordo, sucio, bigotón, inteligente, güevón, goloso, abusón, astuto, extraño, idealista y elocuente son algunas de las características que Kennedy Toole logró imprimirle a este personaje.

                La novela precisamente comienza con una descripción detallada de lo que es Ignatius Reilly: “Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez…” Y es que la excentricidad de este sujeto lleva al lector al desvarío, a reír a carcajadas o a desesperarse por la forma que tiene de justificar su apatía, sus dolores y sus ideales.

                Su madre abnegada todo lo consiente y todo le reclama a la vez. Es una señora insegura, solitaria y triste, necesitada de amor y sexo y pasión y aventura y, sobre todo, urgida de separarse o ser separada de su hijo, quien la absorbe, la humilla, la oprime y no la deja ser feliz.

                Ubicada en Nueva Orleans, la novela también retrata de manera real lo que se vivía por aquel entonces en una ciudad donde la comunidad negra, la segregación y la pobreza eran sus principales estandartes.

                Existen personas que se dedican a criticar y a lamentar haber nacido en un mundo asfixiado por tanta mugre. Sujetos que, sin mayor motivación, desean cambiar su realidad y la de los demás desde sus camas, desde la comodidad de sus hogares en donde el sol no los quema, la lluvia no los moja y el mundo no los abraza. Gente apática y amargada, idealista por excelencia y peleada con todo lo que les rodea. Seguro conocen a alguien así y, en la literatura, el personaje más célebre que reúne algunas de estas características es, sin duda, Ignatius Reilly.

                Después de su muerte, de su trágico suicidio, la madre de John Kennedy Toole buscó la manera de lograr la publicación de la novela. La lucha fue constante, deseaba que el mundo leyera la obra maestra que su hijo inestable y depresivo no luchó y no persistió para darla a luz. Después de un tiempo y de muchas puertas tocadas, el libró se publicó y, con el paso del tiempo, se volvió referente en la historia de la literatura norteamericana y uno de los favoritos de los lectores anglosajones e  hispanoparlantes.

                El libro no es difícil de conseguir, Anagrama, con sus traducciones españolizadas arruina un poco la prosa, pero sin duda no alcanza a echar a perder este libro que seguirá atrapando a miles de lectores y le seguirá recordando al difunto Toole, que su suicidio valió la pena porque, de lo contrario, él no hubiese tenido la perseverancia para lograr su publicación.

                La conjura de los necios es el título que enamora y ancla al lector en un viaje lleno de emociones que los terminará llevando hacia un lugar más lindo que el que ahora habitamos.

Nota:

Por si quieren leer la novela de manera electrónica, aquí les dejo un link:

http://www.iesseneca.net/iesseneca/IMG/pdf/LaConjuraDeLosNecios.pdf

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