Por Juan Ceballos Azpe

¿A poco no sabías que la palabra idiota proviene de la raíz griega ‘idio’, que significa ‘propio’ y se refiere al que no se ocupa de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados? El vocablo en latín significa ‘ignorante’; por lo tanto, el término le viene bien a los ciudadanos que no se preocupan ni se ocupan de los asuntos de interés público y a los políticos ignorantes que salen con ideotas idiotas carentes de sustento y de soporte, justo lo que significa la palabra ‘imbécil’, es decir, que no tiene bastón, por lo que no puede sustentar lo que dice o hace.

Y una de estas ideotas idiotas es la que se le ocurrió al líder nacional de Morena Alfonso Ramírez Cuéllar: que el INEGI mida la concentración de riqueza. Propuso que los encuestadores, sin ningún impedimento legal, puedan ingresar a los hogares a revisar el patrimonio inmobiliario y financiero de todos los mexicanos. No sería una encuesta voluntaria, como todas las que hace el INEGI, sino obligatoria y tendría acceso a la totalidad de los activos, incluidos datos fiscales del SAT y la información financiera y bursátil de todos los mexicanos.

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Quería que así como se mide la pobreza, se mida también la riqueza y pretendía vigilar la concentración de poder de algunas empresas, reformando la Constitución para fortalecer a la Cofece. Por fortuna la propuesta se rechazó por empresarios y partidos, incluyendo legisladores del mismo Morena y hasta el mismo AMLO. Es absurdo que con pronósticos de severa caída del PIB, lejos de que se impulsen medidas para disminuir la pérdida de empleos, surja este tipo de iniciativas, como la otra ideota del presidente, de sustituir el indicador del PIB por otro que mida el bienestar y la felicidad.

Y qué decir de la propuesta de desaparecer los fideicomisos o la de meterle mano a los fondos para el retiro y que sean controlados por el Banco del Bienestar o la de frenar los proyectos de energías eólica y solar para seguir privilegiando los combustibles fósiles, entre otras. Esas ocurrencias no sólo inhiben la inversión, sino que generan fuga de capitales, calificándolas como disparates que nos acercan a Venezuela, a menos que sean cortinas de humo distractoras o buscapiés para tantear el terreno y, como popularmente se dice, medirle el agua a los camotes. De ahí la urgencia de exigir el fin de las inciativas absurdas y disparatadas y el principio de las decisiones acertadas e inteligentes que le pongan fin a las ideotas de los idiotas. ¿A poco no…?

* El punto de vista del autor no necesariamente refleja la postura de esta casa editorial, Red es Poder es un foro de voz libre y así será siempre.

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