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¿A poco no…? Entre farsa y farsa: pobre país

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no es cierto que la farsa política que escenifica día a día en San Lázaro pretende dar a los ciudadanos la imagen de que allí se trabaja en forma responsable y ardua por el bien de México? Pero nada más alejado de la realidad. Y es que, por mucho que se esmeren en representar bien la mascarada, queda al descubierto que los únicos intereses que están en juego son los del presidente de la República en contubernio con los partidos políticos aliados y sus dirigentes. La débil oposición no deja oír su voz y ningún reclamo o petición son tomados en cuenta, como la exigencia del PAN al presidente que deje de hostigar y perseguir a Ricardo Anaya por su “osadía” de aspirar a sucederlo en el 2024.

Así, el futuro del país queda atado a los caprichos presidenciales y el resultado de ello va en detrimento de la mayoría de los mexicanos. Los legisladores federales, incluyendo a los laguneros, no atendieron los reclamos de sus estados que sufrieron drásticos recortes presupuestales, ignorando las protestas de los gobernadores. La necedad de la 4T para imponer megaproyectos guajiros no tiene límite, aunque el dinero no alcance y para ello tenga que cancelar programas prioritarios, como el Fonden, cuyos recursos para atender desastres naturales, hoy son tan necesarios en las regiones afectadas por los huracanes.

El gobierno presume ser más austero, eficiente, honrado, transparente y que combate la corrupción, pero los hechos desmienten a las palabras, sin que el Legislativo sea un contrapeso a los despropósitos del tabasqueño. Esto nos recuerda al hoy expresidente de Estados Unidos Barak Obama, que dijo hace ya 11 años, a propósito de la derrota legislativa de su partido en aquellas elecciones, pero que se pueden aplicar a nuestro entorno nacional: “No necesitamos políticos que están más interesados en ganar puntos que en resolver problemas, que están ofreciendo los mismos mal concebidos enfoques que nos colocaron en este desorden; lo que se requiere son líderes que estén comprometidos para mover este país hacia adelante”.

Por desgracia, en México hay una grave ausencia de liderazgo, con un presidente sordo y ciego a la aguda problemática institucional, económica, sanitaria, educativa y de inseguridad que nos agobia. La situación nacional luce muy complicada pues los cambios de fondo para la solución a la crisis política, económica y social, nada más no se dan. Como los cangrejos, vamos para atrás en lugar de ir hacia adelante, con acciones y decisiones que promuevan la inversión y el empleo, que combatan la criminalidad, la desigualdad y la pobreza y que enfrenten con éxito la pandemia y el subdesarrollo educativo para lograr el cambio que urge al país.

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Estamos frente a una indefensa Patria que, como pasiva e impotente espectadora, presencia la farsa del Poder Ejecutivo y sus patéticas mañaneras en las que pinta una nación que, para él y sus cada vez menos seguidores y corifeos, va viento en popa, aunque para un importante sector de la comunidad nacional e internacional se enfila al naufragio. Pero también presenciamos la farsa de un Poder Legislativo, con una vergonzosa mayoría doblegada y sometida a los caprichos, la megalomanía y la oligofrenia presidencial. Así, entre farsa y farsa, lo único que queda por decir es: pobre país. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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