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¿A poco no…? Inseguridad cotidiana, preocupación cotidiana

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no es cierto que “Las sociedades tienen los criminales que merecen? Esta frase del siglo XIX de un famoso criminólogo francés sigue vigente. Cada día los hechos de inseguridad trascienden en los medios, a veces, de manera por demás denigrante. Pero tal parece que desarrollamos una insensible piel de elefante y vemos como normales esos acontecimientos.

Aunque también se dan hechos que, sin ser propiamente actos delictivos, forman parte de la inseguridad y son tan preocupantes como aquéllos, pues se trata de un peligro acechante y silencioso, como las colisiones entre vehículos, atropellamientos y accidentes viales causados por imprudencia o negligencia.

La inseguridad es un problema multifactorial del que todos somos responsables en cierta medida; de ahí la necesidad de analizar sus dimensiones reales, causas y consecuencias, así como los medios para hacerle frente. Una de las tareas fundamentales de todo gobierno, es velar por la seguridad de sus gobernados. Lamentablemente, las autoridades se han visto rebasadas por las demandas de una comunidad indefensa, que cada vez recrimina con mayor crudeza el clima hostil en el que se desenvuelve.

Y no es para menos, ya que las condiciones de inseguridad y delincuencia, en gran medida son consecuencia directa de errores en las políticas económicas y sociales dictadas por las autoridades gubernamentales; peor aún, en la actual gestión federal, en la que se han incrementado los índices delictivos y los homicidios, el desempleo y la caída de la economía.

Pero la responsabilidad de combatir la inseguridad no es exclusiva del gobierno. La sociedad delegó esta asignatura a las autoridades e ignora que, al señalar con el dedo, le apuntan tres más. La criminología reconoce que el problema esencial radica en la desintegración familiar, la falta de acceso a educación de calidad y el alcoholismo, por lo que es justo reflexionar en el papel que desempeñamos cada quien, midiendo la responsabilidad que podemos tener, y que su cumplimiento u omisión inciden directa o indirectamente en los índices delictivos.

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El filósofo griego Platón advertía que “la educación se inicia en los primeros años de la vida; cuando en una comunidad no hay miseria ni gran riqueza es probable que prevalezca en ella el tipo más alto posible de moralidad. No castigamos porque alguien haya delinquido, sino para que nadie delinca”. Mientras que el enciclopedista francés Juan Jacobo Rousseau, en “El contrato social”, aseguró que: “en un Estado organizado existen pocos delincuentes y la miseria es la madre de los grandes delitos”.

Es tiempo de actuar de manera conjunta autoridades, organismos intermedios y ciudadanía en general para no seguir recordando que ‘las sociedades tienen los criminales que merecen’, de tal forma que la inseguridad cotidiana se reduzca al nivel mínimo y deje de ser la causa central de la descomposición social y la preocupación prioritaria que no deja dormir en paz. ¿A poco no…? ¡Ánimo! P.D. Recuerda que el 6 de junio hay que votar para botar.

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