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¿A poco no…? Inseguridad cotidiana: preocupación prioritaria

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no has escuchado que “las sociedades tienen los criminales que merecen”? Esta frase la decía a fines del siglo XIX un famoso criminólogo francés y sigue vigente este tercer milenio. Día con día la sociedad da cuenta de los hechos de inseguridad pública; sin embargo, tal parece que la población va desarrollando “piel de elefante” y se torna insensible a estos acontecimientos, como si ya formaran parte de la normalidad del paisaje urbano. La inseguridad que nos agobia, es un problema multifactorial del que todos, en cierta medida, somos responsables; de ahí la necesidad de analizar sus dimensiones reales, sus causas y consecuencias, así como los medios para hacerle frente y los factores psicológicos, biológicos y sociales que inciden en ella.

Entre estos, destacan cuestiones atribuibles a las autoridades por la incapacidad de crear las fuentes de empleo que se requieren y por propiciar la caótica urbanización de las ciudades, así como la marcada desigualdad social que obliga al campesinado a emigrar a las grandes ciudades, engrosando los cinturones de miseria y acentuar la marginación, germen potencial de delincuencia. Pero la sociedad es responsable también al delegar cómodamente su combate a las autoridades. La criminología ha reconocido que el problema fundamental radica en la desintegración familiar, la falta de acceso a educación de calidad y el alcoholismo. Conviene reflexionar en el papel que cada persona desempeña midiendo las obligaciones que como miembros de la sociedad debemos tener y que su cumplimiento u omisión incide en forma directa o indirecta en los índices delictivos.

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El filósofo griego Platón hace ya más de dos milenios advertía la importancia de la prevención del delito al afirmar: “La educación se inicia en los primeros años de la vida; cuando en una comunidad no hay miseria ni gran riqueza es probable que prevalezca en ella el tipo más alto posible de moralidad. No castigamos porque alguien haya delinquido, sino para que nadie delinca’. En el siglo 18 el filósofo francés Montesquieu dijo: “El buen legislador debe esforzarse más en prevenir el delito que en castigarlo”. A su vez, otro enciclopedista francés, Juan Jacobo Rousseau, advirtió que ‘en un estado organizado existen pocos delincuentes y la miseria es la madre de los grandes delitos’. Es tiempo de actuar de manera conjunta gobierno y ciudadanía para dejar de recordar que las sociedades tienen los criminales que merecen y lograr que la inseguridad cotidiana se reduzca a sus niveles mínimos para que deje de ser preocupación prioritaria que no deja dormir en paz. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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