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¿A poco no…? La locura del poder

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no se equivocó Carlos Fuentes en su predicción hace 19 años, luego de la alternancia gubernamental? El escritor mexicano, haciendo alusión a su colega peruano Mario Vargas Llosa, aseguró: “Ya nadie puede hablar de México como la dictadura perfecta”, y externó su confianza de que, con el nuevo gobierno de Vicente Fox, al país le depare un futuro promisorio, en la medida en que se haga un razonable e inteligente uso del poder en lugar del abuso que se hizo a lo largo de las siete décadas del régimen anterior. Y es que la política, como la concebía el filósofo griego Aristóteles, es el arte de servir, por lo que, teóricamente, según el sabio clásico los políticos persiguen el poder alentados por la esperanza de utilizarlo para redimir mediante el esfuerzo y el sacrificio de entrega servicial, a sus contemporáneos, y dejar sentadas las bases para que las generaciones venideras puedan construir un mundo mejor.

La revolución mexicana se generó porque los políticos abusaron del poder total que tenían, habiéndose convertido en verdugos del pueblo al que debían servir, y algo semejante sucedió con el cambio de régimen priísta en el 2000, con la diferencia de que la transición no fue a través de las armas, sino del voto ciudadano. Pero los gobiernos panistas que le sucedieron, así como el subsecuente priísta y el actual morenista tampoco fueron conscientes de que la línea que separa el uso del abuso del poder, es casi imperceptible, sobre todo cuando se ve desde la imponente silla presidencial y muy pocos son los que se sustraen a esa enfermedad, tan común, que ataca a quienes alcanzan el poder. La vacuna que logra inmunizar a los políticos para que no despeguen los pies de la tierra y no se vean atacados por la soberbia y la sensación de omnipotencia, se llama humildad.

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Por desgracia, esta cualidad ha estado ausente en todos los gobiernos priístas y panistas, y el actual no es la excepción, a pesar de las esperanzas que generó el cambio de régimen, hasta hoy defraudadas. Por lo mismo, no debemos dejar que la locura del poder sea algo fatal e insuperable del acto de gobernar. Además de la humildad, otra forma efectiva de prevenir y evitar, o en su caso, curar esa locura, es el control de los ciudadanos sobre los hombres que los controlan. Aunque parezca paradójico, se trata de gobernar al gobierno, para que nos gobierne. Este juego de palabras se traduce simple y llanamente en recordarles a los gobernantes que ellos son los mandatarios, es decir, los que deben obedecer el mandato del pueblo, de los ciudadanos, que somos los mandantes. Y debemos actuar ya, antes de que sea demasiado tarde. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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