Portada Reportaje
Image default

Por Juan Ceballos Azpe

¿A poco no debería ser la política, como la concebía el filósofo griego Aristóteles, el arte de servir? Teóricamente, según el sabio clásico, los políticos persiguen el poder alentados por la esperanza de utilizarlo para redimir mediante el esfuerzo y el sacrificio de entrega servicial a sus contemporáneos y dejar sentadas las bases para que las generaciones venideras puedan construir un mundo mejor. Pero en la práctica, por desgracia, no es así, y muy pocos son los que se sustraen a esa enfermedad, tan común, que ataca a quienes alcanzan el poder.

La vacuna que logra inmunizar a los políticos para que no despeguen los pies de la tierra y no se vean atacados por la soberbia y la sensación de omnipotencia, se llama humildad, pero no es tan fácil encontrar esta cualidad en la mayoría de la gente dedicada a la política y es un hecho que la enfermedad del poder está presente en todo el mundo, por lo que urge una salida al círculo vicioso del que no podemos escapar. No debemos dejar que la locura del poder sea algo fatal e insuperable del acto de gobernar.

Te puede interesar: ¿A poco no…? Plantar pulmones para La Laguna: labor de todos

Además de la humildad, otra forma efectiva de prevenir y evitar, o en su caso, curar esa locura, es el control de los ciudadanos sobre los hombres que los controlan; aunque pueda parecer paradójico, se trata de gobernar al gobierno, para que nos gobierne. Este juego de palabras se traduce simple y llanamente en recordarles a los gobernantes que ellos son los mandatarios, es decir, los que deben obedecer el mandato del pueblo, de los ciudadanos, que somos los mandantes. Los gobernantes llegaron gracias al voto de los ciudadanos y son, al menos en teoría mexicanos dispuestos a servir al país, no a servirse de él.

Pero también es un deber ciudadano trabajar junto con ellos para evitar que, como dijo Carlos Fuentes, “en la soledad del poder, los demonios de la tiranía, la ambición y la soberbia, se apoderen de nuestros políticos”. La crisis de valores de la administración pública mexicana ha estado presente a lo largo de nuestra historia como Nación, convirtiéndose en un círculo vicioso difícil de romper. A nosotros, como ciudadanos, con nuestra participación activa, nos corresponde constituir la fuerza que hace falta para transformar en virtuoso, el círculo vicioso en el que se va gestando la locura del poder. ¿A poco no…?

Artículos Relacionados

Antonio de la Cruz, periodista en Tamaulipas, es asesinado

Editorial

Buscar el poder por el poder mismo

Editorial

Vinculatoria o no, la revocación llegó para quedarse

Editorial
Cargando....