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¿A poco no…? La voz del corazón

¿A poco no es la Nochebuena un buen momento para meditar y reflexionar? Es tiempo de dar gracias por lo que somos y por lo que tenemos; por nuestros logros pero también por nuestros fracasos, que debemos verlos como oportunidades para levantarnos y seguir creciendo. Es el momento de recuperar ese espíritu de autenticidad que tienen los niños y que también debería renacer en los adultos para disfrutar de las cosas sencillas de la vida, las que no se compran con dinero y que valen mucho más que los valores materiales: el amanecer, la luna llena, el olor de las flores, el color del crepúsculo, el sabor de la Navidad, el asombro por las maravillas de la Madre Naturaleza, la solidaridad con los desposeídos, con los marginados; en síntesis: la plenitud de vivir.

Es el instante en que debemos pedir por el hermano que desconoce que posee voz para pedir por sus necesidades; de pedir perdón por quien no sabe perdonar y de perdonar a quienes nos han ofendido; de pedir sabiduría para comprender y no juzgar los motivos de los que nos han herido, pero también grandeza para darnos cuenta que somos demasiado pequeños para guardar odios y rencores, después de que hubo Alguien que todo nos perdonó y dio su vida por el perdón de nuestros pecados.

Lectura recomendada: Romper con el pasado y construir el futuro

Tiempo de rezar por el que no sabe orar y de dar un poco de nuestro tiempo a quienes necesitan de él. Sin embargo, mientras nuestros sentimientos no sean sinceros, y las palabras de perdón, alegría, paz y amor que se repiten en todas partes no salgan del corazón, de nada servirán las buenas intenciones porque serán palabras huecas, gastadas y sin ningún valor. Este es el mejor momento para escuchar la voz del corazón y comprender aquel lenguaje que trasciende las palabras; dejar que broten nuestros sentimientos en la fuente de nuestro interior, para aquilatar y hacer crecer las fortalezas que hay dentro de nosotros, pero también para descubrir nuestras debilidades y miserias, que nos llevan a actuar en consecuencia.

Meditemos en que antes de observar la luz de la estrella que nos trae la buena nueva, hay que aprender a ver la oscuridad de nuestras propias sombras. Que esta Navidad, y todos los demás días, dejemos salir la voz del corazón para que hable del amor, la sabiduría, la comprensión, la ternura y el perdón que guardamos dentro y los compartamos a plenitud con nuestros seres queridos y demás personas que nos rodean.

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