Por Juan Ceballos Azpe

¿A poco no recuerdas el aforismo de Abraham Lincoln: Se puede engañar a muchos poco tiempo; se puede engañar a pocos mucho tiempo; pero no se puede engañar a todos todo el tiempo? A propósito de ello, podríamos decir que en México ya pasamos la primera etapa en la que la 4T engañó a muchos poco tiempo, lo que le bastó para ganar las elecciones y mantener un alto grado de aceptación popular, que ya está declinando, como lo comprueban las encuestas que ya lo ubican por debajo del 50% de aprobación.

Consulta Mitofsky, en su encuesta publicada el pasado 2 de mayo, revela que AMLO alcanzó una desaprobación promedio del 52%, la más baja desde que asumió la Presidencia. Así, todo parece indicar que ya entramos a la etapa en la que se puede engañar a pocos -habrá que ver si por mucho tiempo-, en la medida que sigan creyendo sus mentiras. Porque el presidente miente cuando dice que ya domamos el COVID-19 y que su gobierno está preparado para atender la problemática sanitaria y que no hay desabasto de medicamentos.

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Miente al decir que logró bajar los precios de la gasolina, cuando éstos no dependen de él y que ya se controló la inseguridad y la violencia y que la crisis económica es un invento de los enemigos de la 4T que se niegan a reconocer que el pueblo es feliz feliz y que todos los medios que no están con él son corruptos y chayoteros y párele de contar. En síntesis: miente cuando dice que sus ‘otros datos’ alegres y optimistas son los correctos, aunque choquen con los mismos datos oficiales y no oficiales que reflejan la triste y pesimista realidad que vivimos los mexicanos.

A principios de año, el portal La Silla Rota publicó que la empresa SPIN contabilizó casi 18 mil mentiras en 281 conferencias mañaneras, lo que promedia 63 mentiras diarias de lunes a viernes. Pero no tiene empacho en llamar mentirosos a medios tan prestigiados como The New York Times, The Financial Times y El Pais, como lo hizo la semana pasada. De ahí la urgencia de cambiar el patético y deprimente panorama de las verdades a medias y las falsedades completas, por el alentador y vivificante horizonte de los datos duros, contundentes y fidedignos, para terminar con la parodia del cuento de Lewis Carrol: AMLicia en el país de las mentirillas. ¿A poco no…?

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