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¿A poco no te preocupa –y te debería ocupar más- la creciente alienación que vive la mayoría de la sociedad? Es el proceso mediante el que un individuo se convierte en alguien ajeno a sí mismo y que ha perdido el control sobre sí, lo que debe llevar  a reflexionar en lo dicho por el filósofo y sociólogo Herbert Marcuse: “La catástrofe verdadera es la perspectiva de idiotización, deshumanización y manipulación total del hombre”. Lo peor del caso es que la mayoría no se da cuenta del proceso de deformación y enajenación al que está siendo sujeto el núcleo de la población más ignorante y manipulable por expertos en el manejo de la comunicación.

Ellos siguen fielmente el 5° principio de la propaganda nazi del estratega de Hitler, Joseph Goebbels, que es el principio de la vulgarización: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión es escasa; además tienen gran facilidad para olvidar”. Y cualquier semejanza con la situación que estamos viviendo en nuestro país, no creo que sea mera coincidencia.

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Es una estrategia de comunicación de masas cuidadosamente planeada. Si no hay suficiente pan para el pueblo, hay que darle circo. Y ante la falta de pan, traducido en desempleo, falta de medicamentos, inseguridad y estancamiento económico, ahí está el circo de la rifa del avión presidencial, la lucha libre entre amlovers y amlohaters, las diatribas contra fifís, prianes, periodistas corruptos y demás enemigos de la 4T y del pueblo sabio y feliz, los chistes de las ‘mañaneras’, los regaños a los malandros que los va a acusar con sus abuelitas para que les jalen las orejas y un largo y vergonzoso etcétera.

Son muchos los que, como títeres manejables, son víctimas de la manipulación y el engaño, contra los pocos que perciben con claridad la patética realidad. Pero no tiene la culpa el titiritero, sino el títere que, a través de su voto, le dio los hilos para moverlo. Hoy los títeres bailan al compás del ritmo que les marca el titiritero y todo se desarrolla en completa armonía para complacencia de éste; pero tendrá que llegar el día en que el títere rompa los hilos, baile a su propio ritmo y vibre en su propia armonía. ¿A poco no…?

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