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¿Es posible que nuestro amor tenga una plusvalía?

Miguel Ángel Centeno Campos

Atractivo(a) significa un buen conjunto de cualidades que son populares

 y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. 

Erich Fromm 

¿Has llegado a sentir que no eres una persona atractiva? ¿Te has lamentado por esta idea en relación a tu situación sentimental?

Habitualmente estamos rodeados de mensajes que constantemente nos validan o nos invalidan como una persona atractiva. Recibimos estos mensajes en los medios, en nuestra interacción social y hasta con nuestros propios pensamientos frente al espejo. 

Si este tipo de mensajes los tenemos tan presentes en nuestros días y si ese atractivo pudiéramos traducirlo en una plusvalía amorosa, ¿qué tan cotizado o cotizada crees que serías para el amor de pareja? ¿Qué características podríamos tener presentes para estimar el poder de nuestro imán erótico, y por ende la posibilidad de tener la demanda suficiente de una pareja también atractiva?

En este momento supongo que una de las demandas más altas sin hacer demasiadas encuestas podría ser un físico atlético, selfies y más selfies retratan la imperiosa necesidad de mostrarse y de capturar los avances del gimnasio y una buena alimentación. Probablemente el éxito económico y la posibilidad de hacer numerosos viajes sería la segunda característica a decir de las selfies turísticas. Sin duda también la juventud, los amigos y la capacidad de ser gracioso en redes tomarían una poderosa relevancia.

Contando con esta serie de atributos y otros de igual forma populares, ¿sería factible tener una plusvalía amorosa más alta que el promedio? Y ¿una vez que el amor de esa persona tenga ese elevado precio, será pan comido conseguir el anhelado amor de pareja? un amor estable, que esté sujeto a nosotros para no perder nuestra cotizada vida, ¿realmente será esto posible?

Sin embargo, para poder hablar de amor, por otro lado creo que sería importante salirnos por un momento de esta lógica un tanto mercantilista y comenzar a preguntarnos qué podemos definir como amor. Seguramente entraríamos en un extenso debate, un debate social, filosófico y hasta bioquímico, pero al final creo que habría importantes coincidencias, por ejemplo, en el respeto mutuo, la solidaridad, la idealización amorosa, un plan de vida en común y una química sexual y afectiva. 

¿Pero entonces las razones para enamorarnos, con ese imán que surge con pasión desde el inconsciente, o en el mejor de los casos un amor maduro como proyecto de vida, realmente llegan desde el atractivo?  

Probablemente el atractivo y su respectiva plusvalía solo tengan que ver con un primer encuentro de máscaras, con el encuentro de dos seres humanos que realmente anhelan amor, pero que tardarán un buen rato para aterrizarlo del mundo de las idealizaciones y comenzar a relacionarse de forma real. 

La plusvalía amorosa, o dicho de otra forma, valer más en el amor, creo que debería ser importante no confundirlo con ser atractivo, tener la capacidad de amar y ser amado tal vez pueda coincidir con ser atractivo, y qué afortunados aquellos que puedan combinar ambas cuestiones, pero creo que es sumamente arriesgado depositar características de oferta y demanda a nuestro ser amoroso, a nuestra intención y capacidad de amar, más allá de esto creo que resulta peligroso. 

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Es posible que si esta lógica mercantilista evoluciona a relación de pareja pueda convertirse en una dinámica del llamado sadomasoquismo, o a una relación de un poderoso y un no poderoso, un atractivo y un no atractivo, o más difícil de conseguir una relación de narcisistas o una pareja unida por un espejo, claro, si es que estas transacciones que parecen más bien del tipo económico llegan a consumarse. 

La plusvalía en el amor parece un concepto frío, deshumanizado y que tal vez no tenga que ver con nuestra manera de pensar y de relacionarnos. Pero pensemos cuánto energía y recursos podemos gastas en ser atractivos con un objetivo amoroso, y tal vez no es la ruta más adecuada para lograr amar y ser amado(a). Tengamos cuidado también de que el concepto de atractivo(a) no permee a la plusvalía amorosa no solo del amor de pareja, si no del amor a nosotros mismos. 

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