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Anacronismos de moda

Correspondencias | Alfredo Loera | @alfredoloeramx

Muchas veces he sentido nuestra realidad cultural como una gran anacronía. Por la naturaleza periférica de nuestro entorno, en las márgenes del río Nazas, alguien podría entenderlo como algo de esperarse; no obstante, considero que, más allá de nuestra zona geopolítica: es un distintivo propio de nuestro tiempo. No sólo en La Laguna llegan tarde los libros o los productos culturales (¿acaso llegan tarde?). Con las nuevas plataformas como Amazon o Mercado Libre, lo cierto es que tenemos acceso similar a las grandes urbes. Es, más bien, una cuestión de gustos, una cuestión de búsquedas, y no tanto de acceso, como sí pudo suceder hace treinta años, cuando ostentar un disco de Queen resultaba toda una rareza. Tal vez simplemente se trata de la edad. Mi edad se ha vuelto anacrónica con el momento.

Pensándolo bien, advierto que no es así de sencillo. Es algo más complejo, pues algunas ocasiones he encontrado a jóvenes muy interesados por la cachucha sobre mi cabeza con el logo de Pink Floyd, preguntándome por el lugar donde la compré o por la canción que estoy escuchando. También por el libro que estoy leyendo, por el tema del cual estoy platicando. ¿De dónde saqué toda esa información? Evidentemente, no de un producto nuevo, más bien de algo viejo, de algo pasado de moda, que vuelve a revalorizarse. 

Lo mismo podemos observar en las películas o series de Netflix, Prime, etc. (curioso haber puesto “televisión”, en un lapsus de otro momento). Los ochenta volvieron robustecidos (Bladerunner, y Strangerthings o Dark, respectivamente), pero no sólo los ochenta, también los sesenta (Mindhunter, This is us, Good girls revolt), tan sólo por mencionar las que he visto. Hoy en día lo nuevo aparece desgastado, no así lo antiguo, lo pasado de moda. 

A este respecto, yo un hombre de libros, encuentro algo similar con mis lecturas. Ya me imaginarás cada semana craneando en qué escribir para esta correspondencia. Casi siempre pienso en hablar de algo de actualidad. Pero de nuevo lo actual se me presenta aburrido, al menos culturalmente. A pesar de eso, desconfío por completo de la típica frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Desde luego no es así; muy por el contrario, al menos en lo personal, el presente ha sido mucho mejor que el pasado. Sólo que en el abordaje de los productos culturales, la creación de nuevas simbologías aún continúa mascando temas y estéticas de hace más de treinta o cuarenta años (otro ejemplo de ello es Star Wars, con The Mandalorian).

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Pero volvamos a los libros. En particular a las reseñas. La reseña vista como un género de lo nuevo ha perdido, considero, gran parte de su atractivo, pues la reseña se ha convertido en simple promoción. Por supuesto, siempre hay contraejemplos, pero reflexiono en lo espinoso que se ha vuelto hablar con sinceridad sobre los autores contemporáneos. Se ha hecho bastante tedioso no sólo la escritura sino la lectura de loas y piropos. A veces rayan en lo ridículo. Cada tres meses ya está la nueva novela, el gran cuentista, las nueva poesía. Si revisáramos las palabras redactadas en gran parte de las reseñas de lo actual, podríamos concluir que vivimos en una época de vanguardia; sin embargo, no es así, y tampoco eso necesariamente resulta negativo. Lo extraño es la vuelta, el retruécano, la maroma que sea da una y mil veces para hablar de lo nuevo, sin decir nada. La nueva reseña, por lo tanto, tendría que ser una reseña de lo viejo, de lo olvidado, una reseña sobre los libros de Platón, por más cómico que sea, una reseña sobre el Gilgamesh, etc.

Esto no es en sí una queja. Más bien, una observación, un “se tenía que decir y se dijo” (anda, ríete conmigo). Después de todo, quizás esta correspondencia es un reflejo de mi realidad, que como señalo, siempre la he considerado anacrónica. Mis primeros libros fueron viejos, muy viejos, polvos y llenos de hongos, las películas de mi infancia fueron estrenadas en las capitales diez o veinte años antes de que yo las viera. Y en eso no soy nada especial, es la experiencia de la mayoría de la población en el mundo. Por eso creo, estimado lector, que sabes a lo que me refiero. Por eso creo que estarás de acuerdo conmigo.

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