Por María del Desierto

Ya los conocemos. Estuvimos en la escuela con ellos y ahora son nuestros patrones por obra y gracia de la herencia recibida. Ya los descubrimos: no son los más listos, ni los más aptos ni los más fuertes. A veces, son todo lo contrario: bajo el amparo de la ley del mínimo esfuerzo, los vimos presentando todos los exámenes extraordinarios que el dinero pudiera pagar y el sistema permitiera presentar; su piel no soporta el calor ni la luz del sol ni los trabajos pesados; enferman con un trago del agua que sus instituciones nos obligan a beber a diario, a los de abajo.

Los cachamos, a ustedes que desde niños se burlaron de los inteligentes, de los gordos, de los morenos, de los diferentes. A ustedes que tampoco están arriba pero salían a defenderlos por ganarse su aprobación o unos pesos. Los mismos, que por tener ahora un salario decente se masturban soñando con usar las marcas, ir a los restaurantes y manejar los coches de sus ídolos de siempre.

Por eso ahora nos reímos de sus marchas (que oh, sorpresa, son con el aire acondicionado y la comodidad de su auto). Quienes sí nos esforzamos, quienes sí aprovechamos las migajas que nos dejaron, quienes sí leímos y estudiamos porque nos creímos su propaganda. Nos botamos de la risa cada vez que llaman al presidente en turno “comunista”. Compartimos sus videos en redes y ustedes son incapaces de percibir la ignorancia que despliegan y presumen en los tres minutos que alcanzan a elaborar de argumentos anti-AMLO.

Ustedes, tan parecidos a los gringos que comparten sus espacios de consumo (el mall en la frontera, de tiendas de remate), ya no son parte de nada y por eso gozan de encontrarse con otros parias los sábados o domingos sin romper su “sana distancia”. Antes eran ricos, y la riqueza podía comprar alta cultura, exclusividad, conocimiento, arte, refinamiento. Ahora son un puñado de gente con poder adquisitivo, que se diluye amenazado por las tasas de interés porque sus compras siempre son a crédito. Aparentar hoy y pagar mañana.

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Ya los vimos, y nos da gusto comprender que nos esforzábamos en vano por pagar escuelas que son garantía de nada. La educación más cara que el dinero puede pagar, a ustedes les sirvió de nada.  No saben leer ni escribir, queda claro en sus carteles, pero más claro en su desprecio por la vida y su arrogancia. No les enseñaron de empatía ni de amor al prójimo, porque sus sacerdotes también se benefician de la generosidad con que ustedes lavan sus culpas cada semana. Ni sumar ni restar, ni escuchar ni articular. La primaria les pasó en blanco.

Andrés Manuel está muy lejos de ser el mesías con el que muchos soñaron, y de todos modos ya logró uno que otro milagro: a ustedes les hizo feministas y ambientalistas; les puso a pensar en las madres que trabajan cuando cerró las guarderías; les hizo preocuparse por el arte con el movedero que trae en los fondos culturales y las becas; les hizo hermanarse a panistas y priístas.

Sí, el presidente polariza, pero ustedes fueron los primeros en caer en ese juego. Sí, la inversión se está espantando, cada vez que ustedes usan falacias para inventar un escenario perverso. No, Andrés no es comunista, ni es pro-aborto, ni amante de migrantes ni le gusta respetar los derechos humanos. Miren, Andrés se parece a ustedes más de lo que entienden.

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