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¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no debería ser la llegada del año nuevo un tiempo de compromiso pleno con nosotros mismos, con nuestra familia y nuestra patria? El compromiso de enfrentar el reto de renovar la esperanza que en ocasiones parece haber muerto en la cruz de la indiferencia, la apatía y la negligencia de tantos seres humanos sin rumbo ni ambiciones ni ideales. Por desgracia vivimos en un mundo en el que los valores espirituales son por lo general, un tema de conversación, una pose insustancial o, peor aún, algo así como un estorbo, una especie de “mal necesario” en una sociedad hedonista, es decir, que enfoca sus motivaciones predominantemente hacia el placer.

De ahí que esta es una de las épocas en que los lugares para vacacionar están más saturados de paseantes: las playas están a reventar, y a los laguneros a quienes su presupuesto no les alcanza para broncearse en el mar, se conforman con pasar estos días en reuniones en las que nunca falta el consumo excesivo de cerveza y todo tipo de bebidas etílicas. Pareciera como si se tratara de escaparse de uno mismo, y mientras más se olvida el mensaje que dejó Cristo, ama a tu prójimo como a ti mismo, más nos convertimos en una sociedad ególatra y consumista.

Pero, ¿Cómo podemos revertir esa tendencia que nos lleva irremediablemente a la deshumanización? ¿De qué manera se pueden romper los paradigmas negativos que nos mantienen atados a inercias, prejuicios y actitudes que no nos dejan realizarnos plenamente, como individuos y como sociedad? Podremos avanzar en la medida en que aceptemos que nadie hará por nosotros, lo que no hagamos nosotros mismos. Debemos renovar la esperanza promisoria que brota del espíritu de los niños y los jóvenes, para que nunca pierdan el valor de la Dignidad Humana, y siempre mantengan en alto el ideal de la vida.

Por fortuna, todavía existen jóvenes y adultos decididos a defender los valores; que no caen en la desesperanza al ver el largo camino que falta por recorrer y la gran cantidad de obstáculos, impedimentos y limitaciones por enfrentar; que están convencidos de su propia misión y de que existen otros que piensan, actúan y luchan por lograr la reconstrucción nacional y la transformación del país subdesarrollado que somos, en una verdadera nación de primer mundo.

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El futuro no está escrito en ninguna parte. Lo deciden los seres humanos con sus acciones, seres con similares características y potencialidades, y lo que cada uno hace muestra lo que tiene en su corazón. Debemos asumir el compromiso de determinar qué mundo deseamos heredar a nuestros hijos y que hijos deseamos heredar a nuestro mundo. Todos somos responsables, sin ningún pretexto. La llegada del nuevo año debe servir para asumir ese compromiso con la familia, la región y el país, mediante el fin de la apatía, y la renovación de la esperanza. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

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