Por Alejandra Madero

Ya pasaron cuatro años desde que dejé de ser Gerente de Recursos Humanos. Mismos que trabajé desde mi casa haciendo contabilidad. Volteé a ver la esquina de mi casa llena de una densa telaraña, esperaba que no fuera una viuda negra, pero ya llevaba tiempo que no las limpiaba. Siempre estaba sola y no me preocupaba mucho. Recuerdo que el jardinero se quejó la última vez que lo puse a limpiarlas porque siempre salían muchas telarañas. Me distraje con un hilo de saliva, recordando al Chacal, mi némesis  cuando era Gerente de R.H.

Al de contraloría, alias el Chacal, le pusieron así porque algún empleado dijo que una vez le tocó ir a una emergencia de trabajo y que bajo la luz de la luna llena se transformaba en una criatura con cabeza de Chacal. Todos se lo tomaron en broma. Pero su personalidad era de un perro rabioso olfateando donde hubiera un error para escarbar y ver si estaban robando. Ahí entraba yo de Recursos Humanos, si estabas  robando pues ibas para fuera. Yo era la responsable que todos los empleados se relacionaran bien en la oficina, duré con ese puesto 15 años. Si llegabas tarde, te rebajaba un retardo, si  tenías una disputa con un compañero, te ponía una incidencia, si juntabas tres incidencias valía como falta, si tenías tres faltas en un mes estabas despedido. Siempre prefería despedir a la gente en luna llena, pensaba que podrían empezar desde cero con la luna nueva. Hubo varios casos de empleados donde nadie volvía a saber de ellos cuando los corríamos, era un misterio que desaparecieran. 

Nunca fui muy querida en la empresa, pues me tocaba correr gente, castigar gente, delatar cuando no se relacionaban bien. Me nombraron Aracne porque mi apellido era Acme, y como siempre llevaba cosas que bordaba yo misma, no me pude zafar del apodo de tejedora. También porque cuando corría a alguien decían que con una mano tejía el hilo de la vida y con la otra mano traía las tijeras de las Moiras. 

El Chacal era el que peor se relacionaba y por eso yo tenía que estar detrás de él para corregirlo. Recuerdo una vez que estaba dando créditos a los empleados con unas tasas por arriba de las del banco. Los empleados adictos a las deudas, que ya estaban endeudados en todas partes, recurrían como último recurso con él.  Ahí entré yo a defender a los empleados, yo era la encargada de dar los préstamos en la empresa con la tasa más baja y si ya estaban endeudados conmigo, nadie más podía hacer préstamos en la empresa. Con el propósito de  acabar con esta mala forma de relacionarse, fui a la oficina del Chacal  cuando él hacía  inventario en el almacén, y le saque los vales de préstamos de su oficina y los entregué al Director General. Me colerizaba que se atreviera a relacionarse mal en su ambiente de trabajo, estaba decidía a despedirlo. 

El Director General mandó llamar al Chacal  a su oficina y él para defenderse acusó a todos los que vendían sus propios productos dentro de la empresa. Nunca falta el que vende tamales los sábados, el que vende jugos por la mañana, la de los zapatos de moda, el maquillaje a plazos, vales para zapatos, quesos caseros, entre otras cosas. Al rato ya estábamos todos en una junta porque para vengarse de que no podía hacer préstamos ahora nadie iba a poder vender en la empresa, que ya estaba prohibido pero no había consecuencias mayores. El Chacal me acusó que yo me daba cuenta de todos los que vendían y solo a él lo acuse de dar préstamos. El Director General me regaño frente a todos. El de contraloría tenía la habilidad para hacerse odiar por todos, no era ninguna sorpresa que los sábados que no usábamos uniforme, llegara con la playera del equipo de futbol del América, para que lo odiaran todavía más. 

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Cada vez me daban más ganas de comérmelo vivo por ser tan conflictivo y tan odioso, por ser un Chacal, pero pues resulta que al Director General le servía que fuera un Chacal y que se la pasara escarbando para encontrar ladrones, ya que había varios encubiertos.

En la  empresa, como en cualquier otra  oficina, era un campo de batalla, los de administración castigaban a todo el que no llevaba las cuentas bien, los de ventas castigaban al que daba mal trato a los clientes,  etc. Recuerdo bien a uno de compras, le decían el Clérigo Elefante, supuse que porque saldrían las leyendas que se convertía en Elefante Clérigo bajo la luz de  la luna llena, pero igual era porque le pedía su diezmo a los clientes y estaba narizón y orejón, si podría parecer elefante.  El Chacal lo traía en la mira desde hace años pero no le había podido comprobar nada. 

Yo siempre buscaba algún error del Chacal para presentarlo en dirección, recuerdo haber presentado que acosó a una practicante. Pero como la practicante era muy problemática, salió primero ella. Yo le di la noticia cuando era luna llena. También desapareció después de eso. Otra vez lo acusé de que los empleados a su cargo no duraban ni 3 meses porque no se sabía relacionar con ellos, y siempre les pedía que trabajaran horas extras sin registrarlas. Pero tampoco lo corrieron porque llevaban el inventario impecable. Así estuve varios años hasta que decidí renunciar, tantos corajes ya me estaban afectando a la salud, comía demasiado por el estrés, siempre después de luna llena era cuando me sentía fatal porque no solo aplicaba ser estricta en el trabajo con las relaciones personales, lo utilizaba en toda mi vida; Si estas fastidiando a tu pareja, te hacia un aviso que pararas, si hacías comentarios misóginos en una reunión con mujeres, te hacia un aviso para que te detuvieras, si empezabas a crear polémica innecesaria sobre Religión, futbol o política, te ponía un alto. Me encolerizaba cuando veía a alguien tener malas relaciones personales, me daban ganas de comérmelos vivos, siempre pensé que el mundo sería perfecto si todos nos relacionáramos bien con amabilidad, con bondad, pensando en los sentimientos del otro. ¿Por qué la gente no podía simplemente relacionarse bien?

Cuando renuncie, pasaron cuatro años hasta que lo corrieran. Resultó que él también acabó robando para poner una ferretería por su cuenta. Me enteré hace dos días del chisme, resultó que era luna llena.  Yo estaba dando un paseo cerca de su casa, a la hora que regresaba de su ferretería. Fue chistoso como cayó en la red que tejí a la vuelta de su casa. Sabía que pasaría por ahí. Me sorprendió verlo con cara de Chacal negro, nunca pensé que fuera cierto las leyendas de la luna llena. Traía como una falda blanca con cinturón dorado, unas pulseras doradas en los antebrazos, pelo azul eléctrico largo. Era una copia vulgar de Anubis el guardián egipcio. Me tiró una mordida y me alcanzó el chamorro debajo de mi vestido largo con varias capas de tela de colores tierra. Le enterré una de mis uñas largas perfectamente afiladas con las que tejía, cuide que no se me mancharan los guantes largos dorados que dejaban al descubierto mis dedos. El hocico se abrió y  me gritó: “¿Por qué me vas a matar, si tú nunca me corriste”. A lo que le contesté: “Porque nunca aprendiste a relacionarte bien”. Lo bueno es que ya estaba pegado en la red y lo pude envolver rápido con saliva  que tenía en mis patas de araña que me salían del cráneo entre mi pelo obscuro recogido en un chongo. Lo envolví bien en lo que parecía un capullo y lo jale por la calle en mi vestido con cuello alto,  y escote.  Al fin iba a descansar porque ya no se seguiría relacionando mal con la gente. Pero no podía dejar de relacionarse mal, sus últimas palabras para hacerme enojar fueron: “¡Como si castigar gente y comérsela fuera relacionarse bien!, por esto vives aislada, por eso le huyes a la gente, de menos yo puedo llevarme con la gente, tú nunca te relacionaras con nadie.” En el fondo yo sabía que nunca cambiaría y que este mundo era mejor sin él y que eso lo decía solo para hacerme enojar. Pero no le daría el gusto. Ese día no. Yo había ganado al fin. 

*La reproducción de este texto fue con total autorización de su autora. Prohibida su distribución. 

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