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Baño de corrupción

El día de ayer, Redes de Poder publicó un artículo en el que trató de evidenciar las pésimas condiciones en las que se encuentra la infraestructura de la ciudad, en específico de los puentes. Se hizo una reflexión en la que se expuso el deseo ferviente por ser una ciudadanía más activa, crítica y propositiva hacia los problemas sociales y políticos que están sucediendo.

Anoche, la lluvia trastocó las entrañas de la ciudad. El agua buscó grietas, salidas y entradas para penetrar cualquier ínfimo rincón que estuviera seco. Por un momento, el semi-desierto en el que vivimos se convirtió en un pantano urbano, atestado de agujeros en el suelo y a charcos gigantes que se asemejan más a un lago que a una pequeña acumulación de agua.

Los pobladores de esta región llevan décadas exigiendo un drenaje pluvial que desahogue las aguas de las lluvias que, cuando caen, son inclementes y sádicas. Se han construido puentes, carreteras, glorietas, teleféricos (en construcción), paseos peatonales y un sinfín de obras que no atienden las exigencias cada vez más urgentes.

El alcalde actual, Miguel Ángel Riquelme Solís, es un personaje que busca a toda costa construir obras que se vean, que luzcan, que constaten que él sí trabajó y que, con resultados, su candidatura a la gubernatura del estado estuviera segura.

Hoy no sólo se inundó el oriente y sur de la ciudad, se anegaron todas las zonas de una región cada vez más golpeada e ignorada por sus gobernantes; cayeron casas, vararon autos, se pudrieron muebles, se estropearon las calles, incomodaron la rutina de trabajo de las personas y las empresas. Se arruinó todo.

El alcalde torreonense declaró para el periódico Milenio en su edición digital de hoy: “Acabo de hablar con el gobernador para, a petición de nosotros, se vaya a buscar la declaratoria de emergencia por parte de la Secretaría de Gobernación y poder acceder a los recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden).” Esto, obvio, para iniciar la construcción del drenaje pluvial.

La declaración del mandatario lagunero fue preocupante, no porque vayan a solicitar el apoyo, sino por tomar la iniciativa para construir el drenaje pluvial hasta que la ciudad se vio ahogada en un charco inmenso de agua mugrienta, corrupción e intransigencia.

En México normalmente se espera a que ocurra la tragedia para que las soluciones aparezcan. La prevención no existe, la planeación a largo plazo es inexistente y los afectados siempre se quedan varados en el olvido.

Fue inminente la ola de inseguridad que azotó a la región, y se tomaron acciones hasta que los muertos comenzaron a desfilar por las calles. Las inundaciones eran inminentes, y, presuntamente, se tomarán acciones ahora que la ciudad se encuentra ahogada. Inminente también era la clausura de negocios por la tardada construcción de la Plaza Mayor, se tomaron acciones hasta después de arruinar los ingresos de muchas familias. Es latente el peligro en el Puente Solidaridad que une a Torreón con Gómez Palacio, esperemos que se repare antes de que ocurra una tragedia. Era notoria la mala construcción del Distribuidor Vial Revolución, se tomaron acciones hasta que ocurrieron varios accidentes.

Lo que pasa en nuestra región, es un reflejo de lo que sucede en todo el país. En una prueba tangible y clara sobre cómo se manejan las administraciones públicas en todo el territorio.

Las lluvias no son las que tienen ahogada a la población y a cientos de sectores del país. Lo que tiene hundido, asfixiado y al borde del colapso a toda nuestra sociedad y a México en su totalidad, es la corrupción que, con sus manos rancias y puercas, cada vez hunde y ahoga más a una nación que está urgida por respirar.

Compromiso, acción, denuncia, crítica, trabajo, unión. Esas son las claves para luchar contra todos aquellos pillos que revolotean como cuervos sobre nuestras cabezas.

Fuentes:

Milenio diario en su versión digital

El Siglo de Torreón

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