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Axel y Luis Fernando se dieron un beso en la mejilla en un espacio público. Una acción común en un lugar que debería promover la pluralidad. Dos policías municipales, con añejos conceptos morales, los amenazaron, los querían detener, resquebrajaron su libertad sin mayor empacho.

Fue así que las redes sociales locales explotaron. La advertencia con detenerlos por haber expresado una muestra de cariño indignó a miles de laguneros y laguneras. Axel, uno de los jóvenes, con el miedo por delante, se hincó y pidió perdón. Al final, los uniformados los expulsaron de la Plaza Mayor.

De pronto, la voz comenzó a correr. Las entrevistas llegaron en medios de comunicación y todo desencadenó en una convocatoria ajena a la ideología de una ciudad mayormente conservadora: el llamado para organizar un beso masivo en las escalinatas de la presidencia municipal de Torreón.

El lunes 23 de agosto, alrededor de 50 parejas LGBTTIQ+ se aglutinaron en lo que originalmente fue la sede del desprecio y la discriminación. ¿El objetivo?, darse un beso, un abrazo, condenar los actos de represión y llamar al respeto, a la pluralidad y a salvaguardar los derechos humanos de todas las personas sin distinguir raza, género, ideología o preferencia sexual.

«Yo me di cuenta y creo que son situaciones que no deben pasar, estamos en pleno siglo XXI, debemos ver las cosas tal como son y sobre todo respetar a las personas», dijo un vendedor de banderas multicolor que estuvo en la protesta.

Tan sólo en 2019, el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio Contra Personas LGBTTIQ+ documentó 12 asesinatos en Coahuila por la orientación sexual de las víctimas. La homofobia habita en cada rincón del estado con toda comodidad.

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«La misma sociedad nos discrimina, nos tenemos que abrir. Yo viví unas circunstancias por andar así, me subían, me discriminaban y me metían a la Colón, que por daños contra la moral», dijo Samantha Medina, mujer trans que llegó para apoyar a Axel y Luis.

Pasaban las ocho de la noche y se prendieron las bengalas. Las y los manifestantes tomaron las escaleras y dibujaron un escenario multicolor. Contaron hasta tres y se besaron, se abrazaron, tomaron la causa de los dos jóvenes y la hicieron suya. Por un instante, la ideología conservadora del Ayuntamiento de Torreón quedó desdibujada.

«Así no vamos a volver pedir perdón por quienes somos, somos unidos cuando algo nos duele y cada persona que se encuentra aquí tiene la encomienda de educarnos a nosotros mismos. Nuestra prioridad es educarnos y que la sociedad nos respete, este acto no es para desafiar a nadie, es una muestra de afecto que no afecta a nadie», leyó la vocera de la protesta.

Al final, Luis y Axel se besaron sin miedo. La bandera de la diversidad los arropó. La gente aplaudió la expresión de amor. Los policías se escondieron y a lo lejos, irónicamente, unas letras multicolores con el nombre de Torreón, recién instaladas por el Ayuntamiento, adornaron, de perfecta manera, una protesta que ojalá nunca se olvide.

 

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