Por Jaime Muñoz Vargas

Tengo un amigo francés con tres pasiones que son casi un lugar común del afrancesamiento: la cocina, la moda y la perfumería. Su nombre es Marcel Champfleury, nació en Nimes, y desde hace casi dos décadas, desde que se casó con una mexicana, vive entre Torreón y la Ciudad de México. Es agente de ventas de medicamentos y aunque dejó trunca su carrera de psicología tiene la costumbre de ver maneras de ser, índoles o personalidades en la gastronomía, la ropa y los olores. Hace poco le pregunté si ya podemos considerar que el cubrebocas (también llamado tapabocas o barbijo) pude ser considerado una prenda del atuendo convencional capaz de revelar algún rasgo de la personalidad de quien lo porta. Me respondió que sí, y que dada la obligatoriedad de su uso nos ha dado materia para diseñarlo con la misma variedad de las blusas o de los zapatos. Le solicité una breve clasificación de los usuarios y accedió a diseñarla.

Cubrebocas médico. Quienes usan los de este tipo no confían en la creatividad, son sujetos muy cuadrados, apegados a las reglas, conservadores y ortodoxos. Difícilmente pueden improvisar o romper las recomendaciones de la autoridad, y son los que ante cualquier turbulencia exigen inmediata mano dura.

Cubrebocas industrial. Son racionalistas en extremo, fríos, calculadores, casi máquinas. Los conocemos porque son totalmente incapaces de llorar en el cine o de escuchar una canción de José José sin evidenciar un gran desprecio. Para ellos todo es fórmula y juzgan que mostrar los sentimientos es una de las peores bajezas en las que puede chapotear el ser humano.

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Cubrebocas floral. Tienen un espíritu poético, desorganizado, fantasioso, impráctico. Saben que la vida en el planeta está en peligro y luchan (sobre todo en las redes sociales) por revertir el desastre ambiental. Viven en departamentos de renta adornados con artesanías y afiches de Janis Joplin o de Nelson Mandela.

Cubrebocas de luchadores. Son adictos a las caguamas Indio y los tacos de todo lo que esté abierto a las dos de la madrugada. Organizan carnes asadas, cantan (indistintamente) canciones de la banda MS y de Metallica. Reparan todo lo que se descompone en casa pero lo dejan peor. Son salvajes, pero alegres y querendones.

Cubrebocas con lentejuelas. Exhibicionistas, sociables, alma de las fiestas. Tienen cuenta en todas las redes sociales y en todas suben cien estados al día aunque sean dibujitos con bendiciones o pensamientos que nos alientan a no darnos por vencidos y alcanzar el éxito.

Cubrebocas con dibujos. Espíritus infantiles, inmaduros, que nunca ven las noticias y usan el tapabocas sólo porque se anda usando y es divertido que la gente vea su amor por Spidermán o Bart Simpson.

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