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Cien segundos para la medianoche; las superpotencias cerca de una catástrofe nuclear

Por Alejandro Nava Femat | @alexnavafemat

“‘No sé con qué armas se combatirá la tercera guerra mundial, 

pero la cuarta se peleará con palos y piedras”

Albert Einstein

En 1945, Albert Einstein y científicos de la Universidad de Chicago que colaboraron en desarrollar las primeras armas atómicas del denominado Proyecto Manhattan (Manhattan Project), fundaron el Boletín de Científicos Atómicos, dos años después, en 1947, crearon el simbólico “Reloj del Juicio Final” (Doomsday Clock), con el objeto de medir el grado de amenaza nuclear latente para la humanidad y el planeta, con potencial de acabar con la civilización. Este reloj, en el que la medianoche representa la cuenta regresiva a cero de la destrucción total y catastrófica de la humanidad, cada año la Junta de Ciencia y Seguridad (The Science and Security Board) del Boletín, le fija sus “manecillas del tiempo” en consulta con su Junta de Patrocinadores, la cual incluye 13 premios Nobel.

El reloj se ha convertido en un indicador universalmente reconocido sobre la vulnerabilidad existente en el mundo a diversas catástrofes, primordialmente de índole nuclear. Este año 2021, la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín de Científicos Atómicos, compuesta por un grupo selecto de líderes reconocidos a nivel mundial con enfoque específico en riesgo nuclear, cambio climático y tecnologías disruptivas, fijaron el tiempo del Reloj del Juicio Final a 100 segundos para la medianoche, es decir, a tan solo 1 minuto 40 segundos para la destrucción de la civilización humana, lo mas cerca que ha estado nunca, dado los riesgos que hoy enfrenta la humanidad y el planeta en la carrera armamentista de orden atómico con potencial hipersónico.

Ucrania: europeístas versus pro rusos

Una de las zonas de mayor inestabilidad y tensión en el mundo, se encuentra en la región más densamente poblada del este de Ucrania, el Donbass, conformada por los óblast (entidad o territorio subnacional) de Donetsk y Lugansk, frontera con el óblast  de Vorónezh en Rusia. Toda esta  región,  susceptible a escalar un conflicto de enormes proporciones, latente tras la caída de la Unión Soviética, detonada cuando el presidente pro ruso Víktor Yanukóvich, se negó a aceptar las condiciones y firma del Acuerdo de Asociación y de Libre Comercio entre Ucrania y la Unión Europea, explotando la noche del 21 de noviembre del año 2013, en una manifestación estudiantil convertida en revuelta, en la céntrica plaza del Maidan en la capital Kiev. 

La lucha de ucranianos europeístas de extrema derecha por alcanzar su total independencia de Rusia, y adherirse de lleno a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), desembocó el 21 de febrero en la salida del país y destitución -vía votación- en la Rada Suprema (Parlamento unicameral de Ucrania) del presidente democráticamente  electo Yanukóvich, lo que condujo a la formación de un gobierno ilegítimo de transición, presidido por el líder de la propia Rada, el europeísta Aleksander Turchinov, quien ya como presidente en funciones, realizó cambios constitucionales y convocó a nuevas elecciones adelantadas para el 25 de mayo del 2014, sin la participación de las auto proclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk, en la que resultó ganador el empresario, político y también europeísta Petro Poroshenko, a quien se le vinculó con la vieja política de corrupción gubernamental y con grupos de extrema derecha neo-nazis fuertemente armados.

La caída del presidente Yanukóvich y su gobierno, generó duras protestas en el sur y sureste del país, particularmente en las regiones de Donetsk, Lugansk, Crimea y Sebastopol, donde la mayoría de la población ruso parlante, que no contenta con el resultado del denominado euromaidan, mostró su indignación por la instalación de un gobierno ilegitimo, pro europeo.

Como respuesta al golpe de Estado, las modificaciones constitucionales y la llegada al poder de fuerzas anti-rusas de ultraderecha, habitantes realizaron protestas en la península de Crimea y Sebastopol, derivando en una poderosa movilización pro rusa.

El 25 de febrero del 2014, ciudadanos de Crimea se manifestaron frente a la sede de la entonces Rada Suprema (Parlamento de Crimea) hoy Consejo Supremo, exigiendo a los diputados no reconocer a las nuevas autoridades del país que usurparon el poder tras los disturbios y enfrentamientos en Kiev, así como convocar a un referéndum que definiera el futuro desarrollo a elegir de la península, bajo tres preceptos: conservar el estatus de república autónoma en el seno de Ucrania, ser un Estado independiente o reincorporarse a Rusia.

La reunificación de Crimea a Rusia

El 16 de marzo del 2014, la entonces República Autónoma de Crimea (ubicada en las costas del estratégico mar Negro y el mar de Azov) en apego a las leyes internacionales en materia de autodeterminación, celebró un referéndum democrático sobre su estatus político, resultando en que un 96.77% de sus votantes decidió a favor de su reunificación con la Federación Rusa. El 17 de marzo, basándose en los resultados del referéndum, la Rada Suprema de la península, aprobó en votación mayoritaria, el decreto de independencia de Ucrania, solicitando la reincorporación de Crimea a Rusia en condición de entidad federada. A su vez, los concejales del Ayuntamiento de Sebastopol, refiriendo a la Carta europea de la autonomía local, las cláusulas 38 y 69 de la Constitución de Ucrania, el artículo 1 de la Convención internacional de los derechos económicos, sociales y culturales y el artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, votaron a favor de la integración de la ciudad a la Federación de Rusia, como territorio federal bajo el mismo estatus de las ciudades de Moscú y San Petersburgo. 

Para el 18 de marzo, el presidente ruso, Vladímir Putin, el primer ministro de Crimea, Serguéi Aksiónov, el presidente del Consejo Supremo de Crimea, Vladímir Konstantínov y el alcalde de Sebastopol, Alekséi Chaly, firmaron el acuerdo sobre la adhesión de la República de Crimea a la Federación de Rusia, ratificado posteriormente por la Duma Estatal (Cámara Baja del Parlamento) y por el Consejo de Federación (Cámara Alta). Finalmente, el 21 de marzo el Presidente Putin, firmó la ley sobre la ratificación del acuerdo de adhesión de Crimea y Sebastopol a Rusia. Se abandonó el huso horario de Kiev (UTC+2), para adaptar el de Moscú (UCT+4) y se declaró al rublo ruso como moneda oficial.

La Unión Europea, reconoció tanto la ilegal y transitoria presidencia de Aleksander Turchinov, como la elección adelantada de Petro Poroshenko, ambas derivadas directamente de un golpe de estado, pero desconoció el referéndum y la reunificación de Crimea a la Federación Rusa, calificándolo de ilegal, a lo que junto con Estados Unidos, impusieron sanciones económicas a Rusia, mismas que fueron ampliadas al Donbass y a los separatistas pro rusos.

Referéndums separatistas

Es en el contexto del euromaidan y la reunificación de Crimea a Rusia, que el 6 de abril del 2014, inició una confrontación armada entre los partidarios de las nuevas autoridades pro europeístas de ultra derecha de Ucrania y ciudadanos separatistas pro rusos en los óblast de Donetsk y Lugansk, entidades de lengua materna rusa en su mayoría, que se autoproclamaron independientes, tomaron edificios públicos e izaron banderas rusas en sustitución de las ucranianas, con el claro propósito de replicar un referéndum de autodeterminación similar al de Crimea, para incorporar así, a la Federación Rusa.

El 11 de mayo del 2014, a pesar del llamamiento del presidente Vladimir Putin de postergar la consulta con la finalidad de crear las condiciones necesarias para el diálogo, y en medio de una guerra, los separatistas pro rusos de las autoproclamadas Republicas Populares del Donbass, celebraron referendos secesionistas que tuvieron una participación del 75% en Donetsk, y del 81% en Lugansk, obteniendo como resultado que el 90% de los electores votara a favor de su autodeterminación e independencia, según informó Roman Lyahin, encargado de la comisión electoral para la organización de la votación.

De Ginebra a Minsk

Los combates entre ambos bandos continuaron, Ucrania realiza ataques disparando y bombardeando a población civil, incluidos niños.  Periodistas, funcionarios locales y miembros de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), han sido secuestrados y tomados como rehenes por los separatistas, mientras que hay miles de desplazados internos en Ucrania, y refugiados en Rusia, en medio de un bloqueo informativo, que bajo la amenaza de revocación de licencias, el gobierno de Ucrania prohibió a sus proveedores de televisión retransmitir una serie de canales de televisión rusos, que informaban directamente desde la zona de conflicto.

La situación llevó a realizar una primera reunión de emergencia celebrada el 17 de abril del 2014 en Ginebra, Suiza, entre Rusia, Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea, en la que acordaron disolver las formaciones militares ilegales, desalojar edificios públicos y deponer las armas. Al día siguiente, en conferencia de prensa, el líder de los separatistas pro rusos en la autoproclamada República Popular de Donetsk, Denis Pushilin, declaró que el gobierno de Kiev era ilegitimo y que no abandonarían los edificios públicos, en tanto Kiev no hiciera lo mismo con la presidencia y la Rada Suprema, afirmó que ellos no habían participado en las conversaciones de Ginebra, por lo que no cumplirían con lo ahí acordado.                                                                                                                                                                               En los meses subsecuentes, y ya bajo el nuevo gobierno ucraniano de Petro Poroshenko, una escalada de violencia intensificó la guerra mediante fuertes enfrentamientos en distintas ciudades, poblados y villas de la región del Donbass, incluida la tragedia del 17 de julio del 2014, cuando un jet comercial Boeing 777, del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, con 298 personas de 10 nacionalidades distintas a bordo, proveniente de Ámsterdam con destino a Kuala Lumpur, fallecieron al ser derribado en el poblado de Grábovo, al este de Ucrania, por un misil tierra-aire Buk 9M38M1, de sistema ruso de defensa aérea.

En medio de acusaciones mutuas de culpabilidad entre el nuevo gobierno con los grupos europeístas de extrema derecha, y los separatistas pro rusos, se conformó un Equipo de Investigación Conjunto (Joint Investigation Team, JIT), compuesto por investigadores de Países Bajos, Bélgica, Australia, Ucrania y Malasia, que a la fecha, concluyen con una investigación de 36,000 páginas, la reconstrucción del fuselaje del avión, tres ciudadanos rusos y uno ucraniano acusados de transportar el misil de Rusia hacia Ucrania, la queja del Primer Ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, al considerar injusto e inusual que su país solo fuera incluido en el equipo de investigación seis meses después de la tragedia, cuando debió ser el primer involucrado en la investigación, así como de grandes interrogantes tales como ¿por qué Ucrania no cerró el espacio aéreo en una área de guerra?, ¿quién permitió los vuelos civiles sobre la zona de combate? y ¿por qué la autoridad neerlandesa permitió un vuelo civil sobre Ucrania en medio de un conflicto armado en ese territorio?

Con el objetivo de poner un alto al fuego en el Donbass, el 5 de septiembre de 2014, se reunieron en Minsk, capital de Bielorusia, representantes del gobierno de Ucrania, de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, de Rusia y de la OSCE con la mediación de Alemania y Francia, en la que firmaron un protocolo de 12 puntos para cesar los ataques de forma inmediata. El acuerdo no concretaba mecanismos de implementación y tampoco satisfacía plenamente a ninguna de las partes, en consecuencia y a tan solo horas de la firma, se reactivaron  los bombardeos.

Ante el evidente fracaso de los acuerdos de Minsk y el dramático agravamiento de la guerra que ha dejado decenas de víctimas en combates, se intensificaron los esfuerzos diplomáticos, se pulieron las deficiencias del acuerdo original y se establecieron tiempos para el retiro de la artillería pesada. Las partes involucradas se reunieron nuevamente en Minsk el 12 de febrero del 2015, y tras 16 horas de negociaciones, lograron un acuerdo de 13 puntos en los que destacan el cese del fuego, retiro de armas, intercambio de prisioneros y amnistía, controles fronterizos, retiro de combatientes extranjeros, reforma constitucional y elecciones. Si bien los acuerdos de Minsk II disminuyeron considerablemente los enfrentamientos bélicos, tanto el expresidente Petro Poroshenko en su momento, como después su sucesor, el actual presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky, (quien arrasó en las elecciones prometiendo lograr la paz en el Donbass) han incumplido gran parte de los puntos acordados, lo que derivó en hostilidades entre los dos bandos, sin que estas cesaran prácticamente en ningún momento.

A 7 años de guerra, el conflicto escala a tensión mundial

Iniciado el año 2021, la tensión en el Dombass se elevó al máximo, dado tres sucesos: primero, la OTAN llevó a cabo importantes movimientos militares en las fronteras cercanas a Rusia, y a las autoproclamadas Republicas Populares de Donetsk y Lugansk al este de Ucrania, posicionando una enorme fuerza multinacional con alrededor de 30 mil soldados distribuidos en Polonia, los países Bálticos, y Georgia, en más de 30 zonas de entrenamiento, siendo la mayor maniobra militar en los últimos 25 años de la organización trasatlántica, denominada DEFENDER-Europe21.

Segundo, en el marco de los ejercicios militares rutinarios que cada año realiza Rusia al interior de su territorio, tras el fin de cada temporada invernal, el Kremlin movilizó hasta 30,000 soldados rusos, artillería militar pesada, cohetes y misiles balísticos de corto alcance e instalado campamentos en el óblast de Vorónezh, al sur de su frontera con Ucrania, así como el traslado de 15 buques del mar caspio al mar negro.

Tercero, por su parte Ucrania reforzó y movilizó su equipamiento militar en la línea de separación de las zonas controladas por los separatistas pro rusos, a los que ahora Kiev considera terroristas,  lo que desató, que una guerra parcialmente contenida y que tras siete años de fuertes enfrentamientos, haya cobrado 14,000 muertos -según datos de las Naciones Unidas (ONU)- se violara el alto al fuego pactado, se duplicara de 5 a 10 el número de combates diarios existentes, recrudeciendo el conflicto armado.

Occidente Reacciona

En medio de la tensión y dada la situación, el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, viajó a Berlín para reunirse con su homologa Annegret Kramp-Karrenbauersu, al termino del encuentro, anunció el envío de 500 soldados adicionales a Alemania. A su vez, por la vía diplomática con Turquía, se comunicó que se enviarían dos buques destructores, el USS Roosevelt y el USS Donald Cook al Mar Negro. Por su parte, el Reino Unido anunció el envío en el mes de mayo de un destructor Tipo 45 armado con misiles antiaéreos, una fragata antisubmarina Tipo 23, aviones cazas F-35 de la Real Fuerza Aérea (Royal Air Force, RAF), y helicópteros Merlin para la caza de submarinos, esto con el objetivo de mostrar su apoyo inquebrantable a la soberanía e integridad territorial de Ucrania, de acuerdo con una fuente de alto nivel de la Armada británica, consultada por el diario inglés, The Times.

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Washington realizó vuelos de reconocimiento en el espacio aéreo internacional sobre el Mar Negro, mientras que la Fuerza Aérea británica se sumaba a los sobrevuelos con patrullajes de la zona del mismo mar, cerca de Rumania. Ante esto, el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, acusó a Estados Unidos y la OTAN de continuar con “actividades provocadoras» en el espacio aéreo y las aguas del Mar Negro, lo que calificó como intentos de una serie de Estados extranjeros por aumentar su presencia militar en las fronteras sur y occidental de Rusia, afirmó en una reunión con la cúpula militar.

Putin cierra el Mar Negro

La situación llevó a que el presidente Vladimir Putin decidera limitar el tránsito de buques de guerra extranjeros en aguas territoriales rusas, cerrando el estrecho de Kerch en el Mar Negro, del 24 de abril, hasta el 31 de octubre del presente año 2021. De acuerdo al Ministerio de Exteriores de Rusia, la decisión solo atañe a los buques de guerra extranjeros y no afectará de ninguna forma a la marina mercante.

La voz de Henry Kissinger

El dos veces Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, durante las administraciones de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford (1973-1977), ha destacado en distintos foros un par de consideraciones de enorme peso y trascendencia que deben de tomarse en cuenta con enorme seriedad.

El 9 de noviembre del 2014, en entrevista al diario Alemán Der Spiegel, Kissinger advirtió que el inicio de una nueva Guerra Fría existe, lo cual no puede ser ignorado, si esta amenaza no se toma en serio, puede llevar a una tragedia. “si Occidente quiere ser honesto, tiene que reconocer que ha cometido un error». 

«Europa y Estados Unidos no han entendido la importancia de los acontecimientos que empezaron con las negociaciones sobre las relaciones comerciales de Ucrania y la Unión Europea, que luego desembocaron en las manifestaciones en Kiev, las relaciones entre Kiev y la Unión Europea debían haber sido objeto de diálogo con Rusia, Ucrania siempre ha tenido una importancia especial para Rusia, no entenderlo fue un error fatal», afirmó contundente el exjefe de la diplomacia estadounidense.

Otra importante consideración realizada por Henry Kissinger, fue en febrero del 2019, con motivo de la apertura de la nueva escuela de computación del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en la que participó con una conferencia donde afirmó que “la sociedad humana no esta preparada para el surgimiento de la inteligencia artificial. El desarrollo de armas equipadas con una inteligencia artificial cada vez más avanzada, serán más difíciles de controlar que las armas nucleares” advirtió. 

Error humano, tecnológico o de contaminación espacial

Lo dicho por Henry Kissinger son factores a considerar en forma permanente, una situación de crisis como la que se ha vivido en el Donbass desde el año 2013 en que inició, fue escalando a muy altos niveles de tensión -similar a la crisis de los misiles en cuba- y estar cerca de llevar al mundo a una confrontación armada, en la que el mínimo error humano, tecnológico y/o de contaminación espacial desate una tercera guerra nuclear hipersónica sin precedentes, ni subsecuentes para la civilización. 

En esta ocasión, Estados Unidos renunció al envío de los dos buques destructores de navegación USS Roosevelt y el USS Donald Cook al Mar Negro, para evitar que las cosas salieran de control. Por su parte, Rusia anunció el fin de los ejercicios militares anuales, ordenando a las tropas regresar a sus lugares de despliegue permanente. Estas acciones permitieron disminuir la fuerte y peligrosa tensión escalada en toda la región del este de Ucrania, frontera con el suroeste de Rusia y el Mar Negro, y de ahí pasar al indispensable dialogo en una cumbre a celebrarse el próximo 16 de junio en Ginebra, entre los Presidentes Joe Biden y Vladimir Putin, en la que se discutirán asuntos urgentes tales como la relación bilateral, la estabilidad estratégica y la resolución de conflictos regionales.

El error humano de occidente se ha dado, la fatalidad prevista como resultado de esa acción contra Rusia advertida, en un contexto multinacional de realizar un mal cálculo geopolítico, que conduzca al mundo a una situación irreversible.

El desarrollo tecnológico de las nuevas y poderosas armas nucleares hipersónicas dotadas con Inteligencia Artificial (IA), las cuales actúan mediante autoaprendizaje y de forma autónoma para tomar decisiones, conlleva un enorme riesgo en situaciones de crisis bélicas, más aún cuando estas armas pueden ser difíciles de controlar, y por error, llegaran a tomar una decisión equivocada, humanamente no deseada.

Finalmente, a lo largo de la carrera espacial entre las superpotencias Rusia, Estados Unidos, y China (en el orden que fueron llegando al espacio) han ido generado desde viejos satélites en desuso, partes de vehículos espaciales, fragmentos pequeños y grandes, y una gran cantidad de chatarra con residuos espaciales en general, orbitando alrededor de la tierra. La reciente inclusión de empresas privadas del sector aeroespacial la esta intensificando, hoy esa basura espacial ya complica las telecomunicaciones vía satélite, la calidad de transmisión de Internet hacia la tierra y los accidentes en orbita son cada vez más comunes.

En un escenario de tensión entre superpotencias, en la que una posible colisión de objetos provenientes de la basura espacial, destruya algún elemento estratégico de comunicaciones y/o de defensa militar, pudiera ser interpretado -por error- como un ataque planificado por parte del adversario, es un escenario posible que puede conducir a que los hoy cien segundos del Reloj del Juicio Final, inicien su recuento moviendo sus manecillas hacia la media noche. Estos tres factores: el humano, tecnológico y el de contaminación espacial, no son producto de la ciencia ficción, son factores reales que de darse en forma individual o conjunta, podrían conducir  a la nunca deseada catástrofe nuclear.

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