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Asociación Irán-China: Cambios tectónicos en medio oriente, la dinámica de Transición del poder global

Alejandro Nava Femat | @alexnavafemat

“China no se convertirá en primera potencia mundial durante mi mandato”

Joe Biden, Presidente de Estados Unidos de América

 

En medio de fuertes tensiones entre Irán y China con Estados Unidos que han desembocado en severas sanciones a ambos países por parte de Washington, Teherán y Pekín se sentaron, negociaron, acordaron y finalmente tras cinco años de conversaciones, el pasado 27 de marzo de 2021, el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohammad Yavad Zarif, y su homólogo chino, Wang Yi, firmaron en la capital de Irán un estratégico acuerdo de cooperación mutua: la Asociación  Estratégica Integral con alcance a 25 años.

¿Qué significa este histórico acuerdo?

En un principio, la asociación de carácter económico empezó a gestarse en el mes de enero del 2016 con la visita a Irán del presidente chino Xi Jinping a su homologo iraní Hasán Rouhaní, la cristalización del acuerdo significa una enorme bocanada de oxigeno que China le proporciona a Irán en materia económica, ya que el mismo ayuda a contrarrestar el enorme peso de las 1,600 sanciones económicas que Estados Unidos a impuesto sobre la nación persa. Para China, significa un enorme triunfo al posicionarse con firmeza en el Medio Oriente, una estratégica posición geopolítica dado los aproximadamente 15 países con los que Irán tiene frontera ya sea por la vía terrestre o marítima (mar Caspio y Golfo Pérsico ) y que a la vez podría reducir la actual influencia estadounidense en la región. El acuerdo profundiza las relaciones entre Irán y China, llevando a los dos países a una nueva dimensión en su relación bilateral que hoy queda plasmada en un documento firmado por los representantes de cada nación.

Intercambio de beneficios mutuos

La pregunta obligada es; ¿Qué obtiene cada nación en el marco del acuerdo? Irán por su parte, obtiene una inyección de alrededor de 400 mil millones de dólares: 280 mil millones en el sector energético, petróleo, gas y petroquímica y 120 mil millones  en el desarrollo de infraestructura vial, portuaria y ferroviaria tal como la construcción de una red de trenes de alta velocidad, así como la implementación de la red 5G, al tiempo que esquiva las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos. Por su lado, China garantiza la obtención segura y estable de gas y petróleo barato, con un descuento mínimo garantizado del 12% para su industria por los próximos 25 años, tendrá exclusividad en realizar inversiones multimillonarias dentro de Irán, la moneda para realizar las transacciones será el yuan, evitando así el uso de un sistema dolarizado a nivel mundial, y del swift controlado por Estados Unidos, acceso al campo tecnológico, militar y de inteligencia y reforzará el establecimiento de su mega proyecto geoeconómico de alianza intercontinental la Ruta de la Seda, en el cual Irán es indispensable dada su posición geoestratégica.

Detalles del acuerdo en secrecía

El pasado mes de julio del 2020, el ex Presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad, denunció que el acuerdo con China se negociaba sin el conocimiento del pueblo iraní, lo que le valió un fuerte abucheo por parte de los legisladores al Ministro de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, en su visita al parlamento tras asegurar a los legisladores que no habría secrecía en el acuerdo propuesto, prometiendo que este sería público. Tras la firma del acuerdo, la propia televisión estatal iraní si bien advirtió que los detalles del acuerdo no serían revelados, el contenido general del mismo se conoce dentro y fuera de la república islámica.

Transición global en marcha

Cada vez son mas evidentes los indicadores y las proyecciones que apuntan hacía una dinámica de transición del poder global de Estados Unidos hacía China para el año 2050, esto podría confirmarse si se toman en cuenta de forma integral cuatro variables, la primera, el rápido crecimiento del dragón asiático en su enorme capacidad de producción, la segunda, su creciente consumo en energía, la tercera, su Producto Interno Bruto y la cuarta, el aumento en sus gastos militares. Aún cuando China cumple con esas variables para poder concretar y finalizar la transición del poder global, el país que emerge debe mostrar su potencial para establecer un orden alternativo contra los principios, reglas e instituciones del actual sistema internacional.

La disyuntiva se presenta si se reconoce que el actual sistema internacional de modernización y desarrollo esta inspirado en un pensamiento occidental de estructuras económicas y políticas liberales de Europa y Estados Unidos, con valores políticos y económicos que persiguen perpetuar la distribución actual de poder entre los Estados, proporcionando una serie de beneficios económicos y políticos para sus miembros presentes y futuros. A este respecto, China se presenta con una visión de pensamiento oriental muy diferente, si bien es un actor integrado al sistema internacional actual, en la practica su visión alternativa de modernización y desarrollo conlleva una fuerte intervención estatal, que prioriza el desarrollo y crecimiento económico sin incorporar en el proceso estructuras políticas liberales y demócratas. 

Esa visión de modernización alternativa se ha visto implementada significativamente en la Ruta de la Seda, en la que a su paso, China patrocina y ejecuta megaproyectos en alrededor de 70 países subdesarrollados o en vías de desarrollo, destinados a mejorar el desarrollo, el comercio y la inversión, sin imponer condición política alguna a los países cooperantes. En ese sentido, el gigante asiático ha sido determinante y enfático: los principios de soberanía nacional, cooperación basada en la mentalidad de ganar-ganar (ShuangYing) y un sistema internacional multilateral aplicados en cada uno de los acuerdos firmados con cada país, son los ejes para su funcionamiento, dejando en claro que no se establece una alianza política o militar, y no se prevé ninguna reforma en las estructuras políticas internas, ni en los regímenes de los países asociados.

Israel reacciona

Israel, país vecino de la nación persa en la región, con una distancia entre ambas de 1,789 kilómetros, considera el acuerdo entre Irán y China una amenaza para su seguridad y contra su existencia, según declaró a la televisora iraní PressTV, Saleh Abu Izzah, experto en asuntos de Asia Occidental, quien afirmó que Tel Aviv evalúa los efectos de esa Asociación Estratégica Integral y como contrarrestarlos, ya que secciones del ejercito iraní y el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI), han logrado formar un sistema militar fuerte a pesar de todas las sanciones estadounidenses e internacionales. De acuerdo con Izzah, la principal preocupación de Israel se centra en el alcance y la calidad del poder militar de Irán, una vez que Teherán haga uso de las tecnologías chinas, específicamente en sus sectores de defensa aérea,  y de misiles.

El factor estadounidense

La salida de Estados Unidos del Acuerdo Nuclear avalado por otras cinco potencias mundales: China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania, para restringir el programa nuclear iraní denominado, Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) durante la presidencia de Donald Trump, derivado de la presión de su hasta entonces aliado el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, de la línea dura israelí en las negociaciones de paz en Medio Oriente, así como del príncipe heredero Mohamed bin Salman de Arabia Saudí; pese a la oposición del exsecretario de Estado estadounidense Rex Tillerson, del ex asesor de Seguridad Nacional Herbert Raymond McMaster, del secretario de Defensa, James Mattis, del desacuerdo de Rusia, así como el rechazo de aliados internacionales, principalmente de la Unión Europa -arquitecto originario del PAIC- la salida norteamericana complicó la convivencia con Irán, quien de inmediato manifestó que no era un acuerdo bilateral entre los Estados Unidos e Irán, sino un acuerdo internacional multilateral respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

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Tras abandonar Estados Unidos el PAIC, el Presidente Donald Trump de forma inmediata restableció a nivel máximo las sanciones contra la nación persa, rompiendo unilateralmente lo suscrito. Tanto Irán como las otras potencias firmantes del Acuerdo Nuclear quedaron atrapadas bajo la amenaza de las penalizaciones estadounidenses, lo que llevó a dificultar sus transacciones financieras, al castigo del Banco Central iraní, y bloquear la venta de petroleo y gas, dañando severamente la economía de la Republica Islámica.

Cambios tectónicos hacía una dinámica multilateral

Los cambios que contrae la Asociación Estratégica Integral del eje Irán – China son tectónicos, pues no solo llevan la luz verde de Rusia, sino que además impactan profundamente a Medio Oriente, con repercusiones en Europa, Asia y muy en especial en Norteamérica, dadas las trascendentales implicaciones del mismo, en un contexto de lucha por el poder hegemónico mundial. 

Esta Asociación no es un acuerdo político, ni mucho menos la sustitución al Acuerdo Nuclear, es su complemento, dado el histórico comportamiento de pensamiento geopolítico persa, así como  el resultado de la fracturación por parte de sus propios fundadores a esos principios, reglas e instituciones del propio sistema internacional establecido, derivado de incorporar sanciones ilegales en el orden económico, utilizando al dólar, la divisa institucional de referencia mundial y unidad principal de reserva, como un arma, así como la gradual creciente rivalidad entre el modelo de desarrollo y modernización de pensamiento liberal del Occidente colectivo, versus el modelo de desarrollo y modernización de pensamiento estatista e intervencionista Oriental chino. Esto es parte y sin duda, de la cada ves más acelerada llegada de la transición del poder mundial de Estados Unidos hacía China, la cual en su trayecto, va conduciendo firmemente a una nueva dinámica multilateral.

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