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“Hoy Coahuila está de luto”: la indignación virtual y la indolencia

Ojo por diente | Fernando de la Vara | @delavara

Las elecciones del pasado domingo, en Coahuila, tuvieron la participación más baja que se ha registrado en el Estado, aproximadamente el 61% del padrón no ejerció su voto, y el PRI se llevó “el carro completo”. No era de extrañarse, Morena es un circo de tres pistas, no se logran poner de acuerdo interna ni externamente, y el caso del PAN, al menos en Torreón, es tristísimo. Se puede decir que si ganó el PRI, además de que echó a andar una maquinaria electoral muy bien engrasada con desigualdad y resentimiento social, fue porque la ciudadanía castigó la gestión de nuestro presidente municipal, y es que la ineptitud, pero sobre todo la indolencia de la administración, tiene a muchos descontentos.

Desde hace unos años creo que las votaciones son una farsa, considero que la democracia es más compleja que el hecho de ir a pintarse el dedo gordo cada tanto, y también creo firmemente que ir a votar no te convierte en mejor ciudadano. Según varias personas es un derecho y una obligación, pero yo creo que no tiene caso validar al sistema ejerciendo “el derecho a elegir”, incluso yendo a anular el voto, pues el sistema ha demostrado en varias ocasiones que no está a la altura de las circunstancias ni de la ciudadanía, pero es un tema que no quiero abordar en este espacio.

Dado el contexto anterior, hablaré de lo que en verdad llama mi atención, y es que, en mis redes sociales, invariablemente después de que en una elección gana el PRI (o Morena, dependiendo de qué tan fifí sea el perfil), algunos de mis contactos no tardan en alzar su voz (virtual) con frases como: “Ganó la ignorancia”, “Estoy decepcionado de mi gente”, y la más literaria y original de todas: “Y cuando desperté el dinosaurio no se había ido”, denigrando, pues, al resto de ciudadanos que votaron convencidos (o no) por otras opciones, y es por eso que les comparto lo que creo que son los pasos de la indignación (virtual).

Inmediatamente después del coraje, la decepción y los regaños virtuales, surgen los memes. Los memes buenos circulan poco menos de una semana, pero por lo general esas imágenes funcionan como venganza efímera, llamarada de petate, y los horrores del mundo siguen adelante. Usualmente la gente cree que algo es divertido sólo porque los hace respirar más fuerte. Aunque insisto, un buen meme tarda sólo un poco más en ser olvidado que el nombre del candidato por el distrito en que vivimos. Las redes son muy caóticas para medirle el pulso al ánimo de la gente, y ni siquiera sé si los memes que comento son un consuelo irónico o si en realidad reflejan lo que las personas que los comparten (y que se los hace resoplar más fuerte) se identifican con ellos, así que en lugar de describir los dos memes que llamaron mi atención, mejor los comparto aquí:

 

Después de los memes (incluso poco antes de que estos comiencen a viralizarse), hay que ponerle atención a las declaraciones de los partidos políticos, donde aceptan (o no) la victoria de la oposición, y claro, la declaración del partido ganador, en donde se jacta de la claridad y certeza que dieron los comicios, diciendo, palabras más, palabras menos, “hoy ganó la ciudadanía”…

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Lo que viene después de las declaraciones, son las notas en donde algún periodista hace (o no) su chamba y señala las irregularidades del proceso: “En las casillas estaban comprando votos, asegura la señora Hortencia que le ofrecieron doscientos pesos por su voto”…

Esto dura entre una semana y dos meses, dependiendo de la importancia de las elecciones, pero sucede invariablemente cada jornada. Ad infinitum

Sin embargo, quiero hacer hincapié en la indolencia que esto conlleva. Cuando alguien escribe más o menos lo siguiente: “El PRI ganó porque la gente es egoísta y sólo piensa en su bienestar, no le importa la sociedad, esos 200 pesos y la despensa duran poco, el mal gobierno dura años”, deja de lado que la pobreza y las necesidades de muchas personas, personas para las que ese recurso, pequeño o precario, como lo insinúan ese tipo de publicaciones, es un respiro para su economía.

No considero que coaccionar, de ninguna manera, sea una buena opción, ni siquiera debería ser una opción, pero creo que comprender a quienes deciden vender su voto por necesidad. Si bien una despensa dura una semana, el mal gobierno no dura seis años, si no, ¿quién ha estado conforme con algún político alguna vez?, por lo menos doscientos pesos o una despensa dan la seguridad de un estómago lleno, al menos unos días. 

Insisto en que estas prácticas no deberían ser admitidas, pero que sigan sucediendo, sólo habla de los fallos graves que los gobernantes han tenido en materia de economía, y sobre todo, demuestran lo que menciono al principio de esta columna: el sistema electoral sigue demostrando que no está a la altura.

Y para qué hablar del abstencionismo, quizá el domingo pasado todos teníamos (o no) resaca.

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