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Las heridas que no sanan: Colegio Cervantes y un tufo a impunidad

Editorial | @RedesPoder

El pasado domingo 10 de enero se cumplió un año del tiroteo que conmocionó a la Comarca y a todo el país. Un niño que cursaba sexto de primaria jaló el gatillo, hirió a varios compañeros, mató a su maestra y se dio un tiro para terminar con su vida.

El hecho volcó a los medios de comunicación al Colegio Cervantes para buscar información y la «primicia». Hubo quienes se adelantaron y cometieron errores graves, hubo otros más prudentes y minuciosos y hubo otros tantos que sólo replicaron lo que otros más habían descubierto.

Apenas se empezaba a escuchar la posibilidad de que un virus originado en China ya estaba generando problemas en aquel lado del mundo. En Torreón todo transcurría con normalidad, era un día cualquiera hasta que el sonido de las balas penetró en la consciencia de la población.

Tras muchas ruedas de prensa, boletines informativos y mensajes en redes sociales, las autoridades dieron con el abuelo y tutor del menor, José Ángel «N», lo detuvieron e hicieron todo lo posible para que pagara las consecuencias de que su pequeño nieto tuviera acceso a armas.

José Ángel «N» estuvo detenido por varios meses. La carpeta de investigación fue por el delito  de homicidio comisión por omisión, un término legal complejo que es todo un reto para afianzar en un proceso jurídico.

El Fiscal General de Coahuila, Gerardo Márquez Guevara, dio a conocer que José Ángel «N» fue puesto en libertad condicional y el delito a imputar cambió a homicidio culposo. El tufo a impunidad comenzó a penetrarse en las redes sociales, en los medios de información y en la opinión pública. El Gobierno del Estado de Coahuila estuvo empecinado en lograr cerrar el caso, en encontrar un responsable que pasara muchos años en la cárcel, sin embargo, la integración de la carpeta de investigación y el tipo de delito que buscaron imputar impidieron que esto sucediera.

Fue tan mediático el tiroteo del Colegio Cervantes que pudimos ver a medios nacionales e internacionales haciendo guardias afuera de la institución, en el hospital y en las ruedas de prensa del Fiscal y el Gobernador: reporteros del País, Telemundo, Univisión, Pie de Página, Televisa, TV Azteca, Imagen fueron vistos a todas horas en los puntos clave del hecho que aún recuerdan con dolor y angustia las y los laguneros.

Llegó la pandemia y lamentablemente todos nos volcamos a cubrir sus efectos. De pronto sorprende descubrir que ya pasó un año de una tragedia imborrable. El Colegio Cervantes se pudo reagrupar, aprovechó que las clases presenciales continúan suspendidas y el tema pasó a segundo o tercer nivel de importancia en la agenda informativa.

¿Qué pasará cuando se permita el regreso presencial a las aulas? ¿Seguirán los detectores de metal y las mochilas transparentes? ¿El Gobierno de Coahuila le dio seguimiento al apoyo psicológico que ofreció a alumnos y padres de familia?

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En Torreón los negocios que viven hechos violentos tienden a estigmatizarse, sin embargo, el Colegio Cervantes es una de las instituciones de educación básica más respetadas de la región. Su prestigio, sin duda, fue manchado por la pólvora que vertió un niño al jalar el gatillo de su arma. Todos recordaremos a la maestra que intentó evitar una masacre, recordaremos todo lo que se escribió y se dijo sobre la familia del niño José Ángel. Pasarán cinco, diez, quince o veinte años y seguiremos recordando el tiroteo como se nos vienen a la memoria las masacres de la Quinta Italia Inn, o la del Ferrie o la del Bar Tornado o Las Juanas o cualquier otra que haya sucedido en la Comarca Lagunera.

Duele ver a un niño suicidarse antes de agredir a sus compañeros y matar a una maestra, pero duele aún más la indolencia de las autoridades, tanto privadas como públicas, que aprovecharon la llegada de la pandemia para dejar de hablar del tema. Duele que en la Comarca y en todo México la memoria sea tan corta, tan inconsciente, sin embargo, para eso está el periodismo, para señalar, puntualmente, aquellos casos que siguen sin resolverse.

Un abrazo de solidaridad y empatía a las y los familiares de las víctimas mortales y psicológicas que aún recuerdan con dolor aquel 10 de enero del 2020.

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