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Compramos sueños

Por Miguel Ángel Centeno

Cuál es el valor nutricional de una bolsa de frituras, cuál es la hidratación que proporcionan una botella de refresco o un bote de cerveza. Me pregunto para qué sirven en realidad las cajas de supuestos cereales, qué aportan, para qué necesitamos tantos sueños envasados en trajes desechables, los cuales, por cierto, cada día nos inundan de basura, de los desechos de nuestra ilusión.

Al entrar a un supermercado los colores de los envases con alimentos fantasma nos seducen a nuestro paso, envuelven nuestras pupilas y estimulan nuestro gusto con solo asociar sus imágenes en una fantasiosa sinestesia, una idea manipulada que al final solo pasa por una ilusión nutricia, una ilusión de alegría y una realidad de consumo. 

Compramos sueños, consumimos delirantes evasiones con sustancias adictivas, estimulantes, que nos hacen escapar de la frustración de no tener otros sueños, y nos embriagan hasta caer vencidos. Compramos sueños con ropas que dan un estilo a la máscara, con lociones que anulan el aroma humano, y cremas que dicen que retrasan el envejecimiento, con maquillajes y tintes.

Y qué podemos decir de más y más sueños que consumimos todos los días. En el campo digital, videojuegos, videoclips, series y películas, una y otra y otra red social inundadas de fotos con filtros y ángulos mentirosos. Nuestra percepción, nuestro mundo psíquico está inflado de entretenimiento, si contamos el tiempo que invertimos para estos fines podemos claramente ver nuestro sobrepeso de sus mensajes publicitarios, y en algunos casos una obesidad mórbida. 

Podríamos hacer un recorrido de las cantidades monetaria, de tiempo, de esfuerzos y de metas que invertimos en la compra de sueños y creo que tendríamos una muy larga lista, por ejemplo, el sueño de una vida familiar feliz con una lujosa boda, el sueño de una superioridad cotidiana con un enorme automóvil, el sueño de una niñez feliz con una gran fiesta de cumpleaños, o hasta el sueño nacionalista de un orgullo patriótico por apoyar a un equipo de futbol. 

Y porqué invertimos tantos recursos en la compra de sueños, qué ha transcurrido en la historia del ser humano para que estemos dejando de vivir en el aquí y el ahora para aspirar siempre al mundo de las imágenes. 

Probablemente un origen de esta tendencia esté relacionado con la aparición del dinero, al poner un valor monetario al excedente de producción y al intercambio. Probablemente otro momento tenga que ver con la revolución industrial y la suplantación del trabajo humano en algunos sectores de la producción, entonces el poder comienza a minimizar al ser humano y a sus recursos para convertirse en el sueño por excelencia.

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Pero sin duda alguna, otro momento histórico relacionado con la compra de sueños tiene que ver con la invención del cine, la televisión y el internet, la revolución de imágenes reviste el sueño del poder y lo vende todo el tiempo. El poder no sólo tiene el control por sus recursos, tiene el control por ser el referente al cual caminamos, y en el que creemos que seremos felices, y entonces nuestros cuerpos y mentes se llenan de sensaciones estimulantes y azucaradas, intensas, delirantes y siempre evasivas de la realidad.

Soñar es sin duda una de las cualidades más bellas de la mente humana. Sin embargo, creo que es importante tener en cuenta que soñar al servicio del poder, de la moda o la tendencia, deja nuestra onírica creatividad a favor de la enajenación, del empobrecimiento de nuestra propia realidad y más aún de dejar de ver el regalo de la vida, de la real, de la que de verdad se respira, se contempla y se saborea, y del pensamiento que surge de estar despierto, de observar, de vivir en nuestro propio cuerpo, o al menos con nuestros propios sueños, los cuales por cierto, no tienen costo.  

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