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Día mundial del rock. No es por menospreciar al autotune. Todos hemos tarareado una «tonadita» de esas pegajosas que se quedan adheridas como chicle en el cerebro. Hoy la mega industrialización de la música ha llevado a los compositores a armar un disco completo en un día. La velocidad con la que avanza la industria de la música y en la que aparecen artistas nuevos y desaparecen otros es pasmosa.

Es difícil que hoy nazcan cantantes que perduren a través de los años, que sean referencia musical para futuras generaciones, estamos lejos de ver una «nueva música clásica», como José Agustín consideraba al rock y a todas sus variantes en la década de los setentas.

El día mundial del rock

Este 13 de julio se conmemora el Día Mundial del Rock. Para muchos es un género anticuado, de rebeldes, de mugrosos, de personas que les gusta el ruido, de inadaptados sociales; para otros más el rock es la fiel representación de la afinidad de una persona «mamadora» o pretenciosa, que forzosamente busca diferenciarse de los demás.

En fin, la idea de este texto no es hacer menos al autotune, al género urbano, al reggeatón y sus mil variantes, la idea es rendir homenaje a un género que, por más que buscan enterrarlo, sobrevive a través del tiempo, de las tendencias y de las dinámicas nocivas de la industria.

Me han contado en incontables ocasiones cómo, en los años setenta, los jóvenes mexicanos tenían que esconderse para poder escuchar rock en vivo. Lo hacían en pequeños lugares que se llamaban «hoyos funkys». Allí, todos amontonados, oliendo a sudor y a axila y a alcohol, la gente pagaba cinco pesos para escuchar bandas nacionales que, hoy en día, son leyendas vivientes como El Tri o Los Dug, Dugs, entre otros muchos más.

Recuerdo también que el hijo del presidente Gustavo Díaz Ordaz era tan rockero que llevó a los Doors a una fiesta privada. A su odiado padre no le gustaba mucho la personalidad de su hijo. El rock no era bien visto, era peligroso para las personas que buscaban construir una imagen intachable.

También recuerdo que yo inicié como escucha del rock por inercia, porque en mi casa mi padre consumía el trabajo de bandas emblemáticas como Zepellin o Floyd o los Beatles o los Rolling Stones. También mi hermano, encerrado en su cuarto, consumía propuestas más modernas de ese tiempo como Marilyn Manson o Linkin Park o The Smashing Pumpkins. Eso, más mi actitud natural por contestar y ser grosero, me llevó a abrazar al género y nunca dejarlo ir.

No soy una persona que acumule conciertos, ni discos, ni playeras. Tampoco me tomo fotografías todo el tiempo para demostrar mi espíritu «rockstar». Lo que sí es verdad es que una noche con cervezas la disfruto mucho más si hay rock de fondo. Muchas veces, cuando estás en un bar o en un lugar público y se te ocurre poner rock, todavía hay personas que se enojan, que te tildan de inadaptado social cuando ellas, sin ninguna vergüenza, cantan rolas que hablan sobre cuernos de chivo, metralletas, chichis, nalgas, perico, botas caras y puras frivolidades que hacen apología al clima de violencia que padece nuestro país.

Día mundial del rock y la nostalgia que pisa al autotune

Aunque el panorama actual no sea tan halagador, he notado que la nostalgia está desplazando al autotune, a Bad Bunny, a J Balvin, y a todos esos. En la borrachera, con la noche ya muy entrada, los pucha recs de las consolas o computadoras le dan entrada a algunas canciones conocidas del rock y la gente se prende, las canta, se abraza, le mienta la madre al gobierno, al cura violador, a los narcos asesinos, a los ricos acumuladores. Al mismo tiempo le cantan al amor, a la libertad sexual, a las drogas, al descontrol y al hedonismo. Así, fluyen las gotas de saliva que se vierten por todas las mesas.

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El rock avanza sin descanso, hay propuestas nuevas que no se viralizan como otros géneros. Hay jóvenes y personas maduras que aún buscan en el rock un género para refugiarse del ruido que está a su alrededor.

Festejemos el día mundial del rock como lo que es; la nueva música clásica que sigue influyendo en los nuevos artistas y sobrevive pese a que la dinámica industrial esté empujando otro tipo de conceptos que son mucho más visuales que auditivos.

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