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El día que nadie trabaja, ELLAS SÍ

El trabajo invisible y no reconocido, aporta y sostiene una parte importante de la economía de nuestro país. Más importante: el trabajo de cuidados y del hogar es un subsidio invisible para que el trabajo remunerado sea posible.

Por: Valeria Luévanos, directora de Vinculación INCIDE Femme

El primero de mayo se conmemora la lucha de los derechos de los trabajadores, instaurado oficialmente por el gobierno en 1925. Si no estuviéramos atravesando por una pandemia a nivel mundial por el coronavirus, esta fecha sería de asueto, sin embargo, aún bajo esta situación, lo es para muchos trabajadores que cuentan con un trabajo formal.

Pero, ¿qué pasa con los derechos de las mujeres que trabajan sin ninguna garantía? Hoy, la mayoría descansa o recibirán por ley el triple de paga al laborar en día festivo, sin embargo, hay trabajadoras que nunca paran, ni siquiera en días de asueto. Y peor aún, trabajan siempre en la sombra, sin que nadie reconozca o pague por su labor: las mujeres que realizan la tarea de cuidados del hogar.

Cuando hablamos del trabajo de cuidados nos referimos a todas aquellas actividades que se realizan para procurar el bienestar de las y los otros, desde actividades como lavar, planchar, cocinar; cuidado de los hijos, personas mayores y familiares enfermos; aunado a la contención emocional, acompañamiento, consuelo y apoyo que se ofrece a las y los otros.

Durante mucho tiempo el trabajo de cuidados y el trabajo doméstico han sido intangibles y asumido por las propias mujeres como su deber, sin reconocer por ellas y por los otros que es trabajo.  Este tipo de responsabilidad que se realiza las 24/7 suele generar una carga mental, causada por un conjunto de tensiones acumuladas (al ser múltiples las tareas por recordar y realizar, y la constante toma de decisiones); provocando desgaste físico y emocional, estrés, ansiedad e irritabilidad. Todo esto, sin derechos laborales como salario, jornadas de 8 horas, aguinaldo, vacaciones, seguridad social y acceso a una pensión contributiva.

El exceso de carga de trabajo deja a las mujeres sin la posibilidad de realizar otras actividades como el acceso a la cultura, al deporte, el arte o a la educación. Asimismo, les impide incorporarse al mercado laboral, a las actividades políticas, a la vida pública en general y a acceder a espacios libres de violencia.

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Aquí entra la desigualdad en el uso del tiempo entre hombres y mujeres. En el 2015 la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) realizada por el INEGI señaló que las mujeres dedican casi 50 horas a la semana para realizar trabajos del hogar no remunerado, a pesar de salir a trabajar fuera de casa en empleos remunerados, lo que duplica su jornada laboral: trabajan dentro y fuera de casa. Los hombres dedican sólo 9.98 horas a estas actividades

Esta responsabilidad es asignada por la carga cultural que implica ser mujer en una sociedad cuya desigualdad les ha asignado un sitio en la esfera privada: el hogar. Limitándolas o alejándolas de los espacios públicos y las realizaciones personales. Mientras que a los hombres los coloca en el espacio público: su obligación es salir de casa y ser proveedores, dedicarse al trabajo visible y remunerado, excusados de deslindarse del trabajo de cuidados y del hogar.

Según el INEGI (2018) el valor económico del trabajo del hogar y de cuidados no remunerados, fue de 5.5 billones de pesos, lo cual es equivalente al 23.5% del PIB del país. De esta participación, las mujeres aportaron 17.7 puntos y los hombres 5.8.

Lo cual demuestra que, para ser un trabajo invisible y no reconocido, aporta y sostiene una parte importante de la economía de nuestro país. Más importante: el trabajo de cuidados y del hogar es un subsidio invisible para que el trabajo remunerado sea posible.

Este 1 de mayo, Día del Trabajo, es la razón perfecta para hacer conciencia del trabajo tan importante que realizan las mujeres. Un trabajo indispensable que no puede mantenerse en la sombra, sin reconocimiento ni remuneración. Pero que, sobre todo, no sólo nos compete a nosotras.

¿Estamos listas y listos para hacer lo que nos toca en casa? La redistribución del trabajo de cuidados y del hogar es el primer paso para un gran cambio hacia la equidad.

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