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Por Patricia Hernández González

Un estilo de vida desmesurado, un gramo de intención que lleva en los bolsillos añade notable inteligencia, todo para un encantamiento que a simple vista explica su razón de personaje público. Sin pasar inadvertido, un gesto, una mirada escurridiza, dibuja lo que en palabras no pronuncia claramente. 

Preguntas cruzan por su mente, en ese preciso momento que da un paso y todo termina.

Quien ha vivido bajo los reflectores o bien de fugitivo, puede decirse a sí mismo qué pasó. Hablo de individuos que pesan su vida en quilates, de sustanciosos que amasan fortunas inexplicables. Ante la expectativa del ganador, que bajo construcciones ideológicas, estructuras sociales, modelos económicos llegan al punto del escándalo.

El aquelarre alcanza historias de fama y corazón, corazón y política, personajes hechos y deshechos metidos en un mismo costal. Así y así, encontramos confabulas tan increíbles que van de la mano siempre con la presunción de inocencia.

Una fauna de hombres y mujeres que emprenden en paraísos fiscales, el modo offshore cuya finalidad es ahorrarse y generar activos para evadir impuestos, lavar dinero, crear sociedades ficticias. Empresas de papel que son maquinarias que operan en todos los rincones del mundo. No solo el sistema se reduce a personajes de la élite mundial, también se basa en instituciones de esas élites —como los bancos multinacionales, los despachos de abogados y las firmas de contaduría—, una gran cantidad de firmas y compañías reconocidas de países desarrollados y no únicamente de islas lejanas, como se cree.

El año 2021 espesó el modus operandi cada vez más versátil en el mapa de las transacciones. Un ejemplo fue la investigación periodística de los “Pandora Papers”,  una filtración de casi 12 millones de documentos que evidenciaron riqueza oculta, evasión de impuestos y sociedades inscritas en paraísos fiscales y en algunos casos, lavado de dinero por parte de algunas de las personas más ricas y poderosas del mundo. Figuras reconocidas también ingresaron al club de coleccionistas de pasatiempos y de bienes raíces, pasando de ricos a nuevos millonarios.

Recientemente, Viridiana Ríos analista financiera, publicó su libro ─No es Normal, El Juego Oculto que Alimenta la Desigualdad Mexicana y Cómo Cambiarlo─. Es un libro de 25 ensayos cortos que muestran cómo la falta de competencia económica, el cobro de impuestos insuficientes a los más ricos, la ausencia de un gobierno que atienda las necesidades de las clases medias y la existencia de leyes laborales obsoletas han hecho de México un país donde los ricos se quedan ricos y las clases medias no crecen. 

​“En México dos de cada cinco personas que trabajan tiempo completo no tienen un sueldo que les permita satisfacer las necesidades básicas de su familia, y el 21% de quienes tiene una licenciatura viven en pobreza. No sólo eso. Cada año, nuestro país crea 29 mil “empresarios precarios” nuevos, es decir, dueños de negocios que no ganan lo suficiente ni para terminar la quincena. El nivel de vida es bajo incluso entre las personas que técnicamente no son consideradas pobres. De hecho, el 18% de ellas no tiene acceso a un hospital público o a un seguro de gastos médicos si se enferma e increíblemente el 10% reporta pasar hambre y comer menos de lo necesario.   

“México es un país donde la mesa está puesta para que sea difícil salir de pobre y casi imposible salir de rico. Es decir, un país donde las personas de más dinero y las grandes empresas caen parados, mientras que el resto no puede darse el lujo ni de tropezar. Mientras el México de los billonarios crece de maravilla, el México del resto se estanca o retrocede. En los últimos dos años, la fortuna de las 13 personas más ricas del país aumentó en 33.1 mil millones de dólares, al tiempo en que 5.4 millones de personas cayeron en pobreza laboral”. Esto no es normal, no debería serlo (@Viri_Ríos, artículo del Diario El PAÍS).

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Hoy se camina en tiempos de plomo, nos enfrentarnos a las realidades del aquí y del ahora de nuestro entorno, partiendo de que el ciudadano con el que nos cruzaremos por la calle o con el que compartiremos asiento en un autobús ingrese en conductas de peligro. Nos enfrentamos a ciudades violentas que crecen, que se rasgan en el desarrollo de suburbios y periferias. Centros penitenciarios donde son “readaptados” delincuentes sin dinero ─cárceles de pobres que nunca salen y ricos que nunca entran─.  

Bajo este esquema de dominio, los llamados delitos de cuello blanco, nadan en esa otra delincuencia, hoy por hoy la especie selecta, la forma más blanda en el desvío de recursos públicos y de inversiones privadas a modo. Donde el penado de hoy es el inversionista del mañana. 

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