Mundial de México 1986, el país anfitrión llega por primera vez a la ronda de los mejores ocho. El rival en turno; Alemania.

El estadio Universitario en la ciudad de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, fue el escenario de una de las eliminaciones más duras en la historia del fútbol mexicano. Después de un partido disputado en donde México se mostró superior, los alemanes aguantaron todo el trayecto para aniquilar con su severa frialdad desde la tanda de los penales.

Mundial de Francia 1998. México se pone adelante de los germanos en la ronda de octavos de final con gol de Luis Hernández. Ya han transcurrido más de 70 minutos y la orilla se ve cerca. De pronto, dos centros mortales alcanzados por gigantes como Oliver Bierhoff y Jürgen Klinsmann dejan a México fuera de toda posibilidad. Arruinando así cualquier aspiración de poder trascender en la justa que posteriormente encumbró a una de las figuras más importantes en la historia de este deporte: Zinedine Zidane.

Copa Confederaciones 2005. México es la revelación del torneo por su juego de conjunto, por el nivel de coordinación y la atractiva y estética propuesta de Ricardo Antonio La Volpe. Se juega el partido de la honra, el que determina al tercer lugar del torneo. México juega como nunca, el partido se va a tiempos extra, le hace tres goles a Alemania, pero su contraparte responde e incrusta cuatro anotaciones a la cabaña de Oswaldo Sánchez.

Copa Confederaciones 2017. México llega a Rusia con muchas dudas. La propuesta del entrenador colombiano carece de popularidad. El conjunto tricolor trata de ser agresivo y jugarle a los campeones del mundo en toda la cancha. ¿El resultado? Alemania 4, México uno. Se acabó el sueño en las semifinales.

Hoy, México tuvo una oportunidad más para tratar de vencer al gigante teutón, al flamante campeón del mundo. Todos los pronósticos estaban en su contra. El conjunto de Osorio, a pesar de tener buenos números en general, nunca mostró un buen funcionamiento, nunca tuvo un once titular y perdió todos los partidos importantes que enfrentó en los últimos tres años. De pronto, como si los famosos ratones verdes ahora asumieran el papel de victimarios, dominan a los alemanes durante todo el primer tiempo. Presionan en toda la cancha, tratan a la pelota con cariño, recorren con intensidad toda la cancha, desdoblan con violencia, sin mesura. Se ven determinados y decididos a de una vez por todas quitarse ese eterno dominio de los alemanes. Pasan 93 minutos. El árbitro iraní pita el final del partido y nadie puede asimilar lo que está sucediendo. México doblega con autoridad a Alemania. México vence al campeón del mundo. México grita, festeja y se emociona ante la victoria de la trivialidad más amada en todo el orbe.

Después del batacazo mexicano, la prensa deportiva del mundo se rindió ante los pies del equipo de Juan Carlos Osorio; diarios alemanes, argentinos, italianos y españoles dedicaron sus portadas a la victoria tricolor. Hoy todo el mundo habla de México, hoy todo el mundo festeja la derrota de los alemanes. Hoy la pelota le sonrió a nuestro país. Hoy el distractor no fue el gigantesco miembro de Zague o el orgiástico festejo de cumpleaños de Javier Hernández. Hoy el fútbol fue el protagonista, México lo puso y éste, tan generoso y agradecido como nunca antes, le regaló una pequeña alegría a un país que día a día escribe su historia con sangre, muerte, robos, corruptelas, engaños y simulaciones.

El fútbol es el distractor nato por excelencia, pero también es la alegría del pueblo y un elemento que, por su poderío, es capaz de unir a toda una nación.

 

 

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