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Texto vía El Pensador Amateur

El presidente obtuvo el poder a base de machacar con la realidad el discurso triunfalista de los tecnócratas, de los liberales, de los conservadores, de los “corruptos”.

Empezó a ganar adeptos, muy fieles, muy obsecados. Lo acompañaron a navegar rio arriba, a contra corriente, a contra pelo. Poco a poco, conforme el peligroso y nefasto cóctel hecho a base de soberbia y autocomplacencia que se bebían felices y despreocupados los dueños del poder, como si un momento feliz pudiese ser eterno, la realidad, terca e imparable, empezó a darle la razón al discurso simplista, incendiario, vengativo y reinvindicador del opositor de siempre.

Empezó a subir en las encuestas. A partir de la genial estrategia de Ayotzinapa en la que la culpa parecía estar más bien de su lado, logró aislar (vaya uste a saber con la ayuda de quien) al gobierno y lo puso contra la pared. Su ascenso fue imparable, avasallador. Logró el 52% de los votos (su partido sólo el 38% pero controla el 62% de los votos, vaya aritmética) y su popularidad y aprobacion superaron los 80% hasta que… la realidad, terca e imparable volvió a aparecer en su siempre constante papel de aguafiestas.  El discurso triunfalista y autocomplaciente empezó a sonar cada vez más distante, más endeble, más…falso.

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Poco a poco se fueron retirando escuchas, el templete dejó de vibrar ante las acusaciones con las que su siempre dispuesto dedo flamigero estaba presto a fulminar contrarios. Empezaron los silencios, luego los murmullos, ahora los abucheos. Los aliados, los subalternos, ya no encuentran en donde meterse cuando ven un periodista, no quieren contestar, no saben como.  Lo que está ocurriendo ya no lo pueden justificar sin aparecer como idiotas, como enanos del circo.  El prestigio de mucha trayectorias empieza a saturar los drenajes, algo no huele bien cuando los más cercanos colaboradores cuestionan su actuar al poner su cara de asombro.

No me gusta lo que está ocurriendo. El Presidente se ha encerrado en el pasado, en lo que le funcionó cuando gobernaban ellos, los liberales, los conservadores, los tecnocratas, los “corruptos”. Empieza a parecerseles, se afferra al podio, no suelta el micrófono.

Como almirante del barco, tiene la conviccion de que gritando órdenes a diestra y siniestra, a babor y a estribor, contradictorias muchas de ellas, el barco evitará naufragar.
Si en febrero del 2015 ante el pasmo del Jefe de Estado fue obvio que el “Presidente ya no tiene quien le escriba” , ahora, me temo que poco a poco pero de manera inevitable, “El Presidente ya no tiene quien le escuche” y es demasiado pronto para ello.

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