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Escuelas como incubadoras de neurosis

Por Miguel Ángel Centeno

¿Qué se califica realmente en las escuelas, la obediencia o el aprendizaje?

Regresamos a clases con una nueva modalidad, diversas aplicaciones han servido de plataforma para tratar de suplir el contacto físico y continuar con los programas académicos. Algunos profesores(as) altamente comprometidos y calificados han utilizado las plataformas para hacer más dinámica la educación, han evolucionado hacia la practicidad y han utilizado la tecnología a favor del aprendizaje significativo. Por otro lado, otros profesores(as) han hecho de la tecnología una herramienta evasiva, un medio para solo encargar trabajos disminuyendo el papel de la enseñanza para caminar solo al de la evaluación y porqué no decirlo a una continuidad semi-presencial de sus vacaciones.

Por otro lado, algunas escuelas creo que han adoptado este nuevo modelo como un medio para continuar de forma inflexible una vigilancia y una contención del horario escolar de los estudiantes. Bajo este esquema, no es posible que los alumnos puedan apagar la cámara casi en ningún momento, se debe además cumplir con la misma carga excesiva de tareas y otros trabajos, prácticamente sin considerar que los estudiantes están toda una jornada frente a un monitor, en la misma postura y haciendo un esfuerzo visual, además de estar conteniendo la dispersión frente a una pantalla con la clase y otras cinco pestañas más con videos, chats, redes sociales, entre otras cosas. ¿Se ha preguntado cuántas horas permanece un(a) estudiante frente a una pantalla?

Apenas ha transcurrido un mes de que algunos alumnos iniciaron el ciclo escolar y ya están presentándose en el consultorio casos de estudiantes con cuadros de estrés y ansiedad, presionados por las exigencias escolares, ensimismados, fusionados con el teléfono celular, sobrecalentando no solo las baterías de las tablets, laptop y celulares, también las baterías de las mentes y de los ojos, echando raíces en la inmovilidad.

Y es precisamente este último punto el que quiero resaltar con este texto, la inmovilidad. El aprendizaje debe ser un flujo continuo de reflexiones y competencias, no es posible en estos momentos saturar a los estudiantes con cargas de trabajo, es un momento de transitar hacia la calidad sobre la cantidad, los estatus de excelencia de los colegios ya no pueden medirse solo por los resultados de una prueba estandarizada y dejar de lado la salud física y emocional de los niños, jóvenes y adultos. 

Es necesario resignificar las prioridades en la educación, no solo creer que las cargas de trabajo son calidad educativa, debemos tener cuidado con la inercia del cumplimiento de tareas en el contexto escolar, ya que lejos de favorecer la salud mental esta inercia podrá convertirse en una incubadora de neurosis, un ciclo en el que el estudiante escapa de un estímulo aversivo de horas y horas frente a una pantalla, pero luego regresa confrontado por un castigo de bajas notas y una “mala conducta”. No es posible mantenernos en este esquema, debemos evolucionar. 

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Como profesores es necesario reflexionar sobre la carga de trabajos y dar más peso al aprendizaje que a la manufactura de tareas, como padres de familia es necesario involucrarse y exigir a los colegios formas más flexibles de enseñanza además de ser más tolerantes con sus hijos ante el entorno actual, como alumnos luchar contra la compulsión de estar frente a las pantallas por otros distractores para no ser luego víctimas de un hartazgo construido por ellos mismos. Tenemos que ser todos parte de un cambio educativo. 

Tengamos en cuenta que el nivel académico es integral, no solo es un nivel de conocimientos almacenados, lo es también de habilidades sociales, salud física y psicológica, capacidad de cuestionar y de emprender. La escuela no puede ser un elemento más de neurosis en estos momentos, debe ser un agente donde se canalice la energía mental y los estudiantes se conecten gustosos, simplemente por el gusto de aprender, estoy seguro de que esto no sólo contribuirá al mejor estado anímico de los estudiantes, también contribuirá a un mejor clima emocional en todos los miembros la familia. 

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