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Héctor Cruz García; sensibilidad a golpe fino

Por Alejandro González

Vivimos en tiempos complejos donde hay que replantearse mucho de lo que hemos sido antes, pero esto no es posible sin mirar atrás, saber qué se ha hecho, en desarrollar cierta suspicacia para ver más allá de lo que alcanzan los ojos y también poder entender lo que sienten ellos mismos.

Papel fundamental dentro de esta teoría tiene el arte, pues logra transmitir visiones personales que se pueden compaginar con el contexto del momento. Un arte así es del maestro Héctor Cruz. Originario de Chimalhuacán, Estado de México, quién desde muy joven sintió afinidad por las artes visuales, llevándolo a inscribirse en 1946 en una de las famosas escuelas al aire libre; La Esmeralda, la cual hoy en día es una de las más prestigiosas del país.

Aún todavía con la última bocanada del muralismo original el maestro se inscribió como becario en 1952 para realizar sus estudios de posgrado. Ahí trabajaría de la mano con artistas como Juan O ‘Gorman, Chávez Morado y hasta con el propio Diego Rivera en el mural del antiguo hotel del prado. De esta etapa saldrían diversas obras situadas en Taxco, Cuernavaca y hasta el estado de Oaxaca. Por ejemplo, el mural titulado. “La vida primitiva en la cuenca del Papaloapan” nos habla de una manera sencilla y muy bella sobre la vida en los pueblos del sur del país. Lejos de atavíos políticos captura la expresión de rostros, costumbres y paisajes que se funden en un verde profundo unido también por el color moreno de la tierra, los troncos de los árboles y la piel de las personas.

La sensibilidad no sólo ha quedado ahí, sino que se perfeccionó con su profunda observación y durante mucho tiempo de su paleta salieron personajes marginales, de esos que viven con la emoción a flor de piel. Con rigor casi obsesivo el maestro retrato personas de barrios como la merced o el mismo centro histórico de la Ciudad de México, “De alguna manera era lo que yo vivía a diario” comenta el maestro al describir su vida temprana.

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Con el pasar del tiempo, Héctor Cruz fue cambiando un tanto esta forma naturalista de ver el mundo y se adentró en la profunda admiración del entorno, pero como él mismo dice, buscando siempre ir más allá de lo simple o de un paisaje narrativo, sus pinturas pudieran ser parte de cualquier lugar del mundo pues justo captura eso que provoca la emoción y la paz. Ojo, que nadie dice aquí que sea un pintor abstracto, de hecho, en mis investigaciones me ha sido imposible catalogarlo, pues la variedad de temas manejados y su larga trayectoria a través de la historia del arte en México lo sitúan en muchas corrientes y momentos, por ello hay que observar su trabajo, con detenimiento, como él observa el mundo.

Es muy loable rescatar también su labor como docente y promotor cultural, participó en los movimientos del 68. Durante su vida se ha dedicado a formar gremios y asociaciones de artistas para que se pueda promocionar el arte de estos, así como la formación de vínculos entre artistas e instituciones formales.

El maestro vive y trabaja al sur de la Ciudad de México, dónde pasa horas creando, ahí ha encontrado la libertad, a través del arte.

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