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¿Tortillón o pizzagorda? La falta de identidad lagunera

Ojo por diente | Fernando de la Vara | @delavara

Tratar de definir una identidad lagunera es complicadísimo, pero intentaré ser breve y, además, advierto, que este texto de opinión no pretende nada más allá de un desahogo. Durante los últimos días, en especial desde que el transporte público, de parte de La Laguna de Durango, suspendió sus rutas los fines de semana como parte de las medidas estatales para reducir el número de contagios de covid, en varios medios de La Laguna se mencionó la falta de visión metropolitana, incluso en mi columna anterior hablé un poco de ello, pues ni en medio de una pandemia las autoridades se han podido coordinar para regular las medidas sanitarias por igual en la región, y lo gracioso es que ni siquiera se puede hablar de un sólo sentido metropolitano, pues no hay consenso en las opiniones.

Luis García Abusaíd, en su columna, señala varias complicaciones que han derivado por la falta de una visión metropolitana de parte de las autoridades, principalmente frente a la contingencia del covid, con las que concuerdo, pero lo que me llama la atención es lo siguiente que menciona: Si presumimos tener una identidad lagunera común, que nos identifica y enorgullece; si compartimos una gastronomía y un glosario lagunero; si abrazamos los mismos calores y atardeceres y si decimos ser una familia con raíces similares y esperanzas compartidas; entonces, ¿por qué no homologamos nuestra realidad compartida con un sentido reglamentario y metropolitano? Considero muy romántico decir que tenemos una identidad lagunera, incluso aseverar que compartimos realidades es imprudente, pero sobre todo, creo que no tenemos identidad propia, pues ésta ha sido moldeada por los intereses económicos y políticos. Esa identidad corresponde más a lo empresarial que a lo común, y más a un lema de ayuntamiento que a un sentir ciudadano.

También creo que no sólo hay una falta de visión metropolitana de las autoridades estatales, sino también de todos los que habitamos La Laguna, es más, creo que ni siquiera hemos sido capaces de generar algo tan fuerte (y arraigado) para identificarnos. Ni siquiera nos podemos poner de acuerdo en si las gorditas gigantes se llaman tortillón o pizzagordas, o si los lonches de adobada deben llevar o no repollo, y esas son nimiedades, pues no conozco a nadie que no se haya burlado de que en Lerdo todos los días de la semana parecen domingo… 

Sé que es muy fácil sentirnos orgullosos de ser laguneros (más fácil aún burlarnos de otros laguneros), y abanderarnos con la camisa del Santos, o presumir el arsénico, perdón, la industria, incluso considerarnos trabajadores, o mentirnos acerca de que “vencimos al desierto”, pero ¿y qué más?

Eso es sólo la punta del conflicto, porque seremos muy laguneros y muy trabajadores y muy aguerridos y los adjetivos que más les gusten, pero si toda nuestra identidad se reduce a decir: “somos la tierra del algodón”, “somos guerreros laguna”, “tierra de grandes esfuerzos”, híjole, pues qué fregados estamos. 

Refugiarnos en la gastronomía tampoco me parece una opción viable, porque el chicharrón prensado y las gorditas mandan, pero decir que la reliquia o la discada nos representan, pues tampoco es que sean platillos complicados de elaborar como el chile poblano o el poc chuc, más bien son algo que se revuelve en un sartén y ya. La discada se puede hacer con todo lo que sobra en el refri y la reliquia está sobrevalorada. Imagínense que al caminar por una ciudad ajena alguien nos aborde y nos pregunte, ¿Eres lagunero?, ¿es cierto que al que no reza no le dan reliquia? Absurdo.

¿Pero qué hay de la arquitectura como identidad?, no existe una propuesta estética lagunera, abundan las construcciones sin arquitecto, prácticas pero feas (algunas hasta peligrosas), y los edificios con distintos estilos en el centro son bellos y prácticos, pero en decadencia, en el mejor de los casos, y en el olvido, en la mayoría. Así que también lo descarto.  

¿Considerar la violencia de la “guerra contra el narco” como un identitario?, ni pensarlo. Hace años estuve en algunas reuniones fuera de La Laguna, en donde había laguneros; estos se la pasaban hablando de balaceras y decapitados, presumiéndolos, como si entre más violencia hubiera en la ciudad, mejor aptos para sobrevivir estuviéramos, algo lamentable y ridículo. 

Qué nos queda, entonces, ¿la cerveza, el calor, la escasez de agua y la megadeuda?, también las dejo fuera, pues no reflejan lo complejo de nuestra sociedad. Todo esto se debe a que somos una región relativamente joven, en donde el azar nos ha dado algo de relevancia. Más que aceptar la identidad que nos brindan las empresas y sus intereses, deberíamos recapacitar en lo siguiente: más allá de un equipo de futbol, ganador o no, o si nos gustan los mismos guisos, ¿hay algo más en común? A pesar de que todos sufrimos maltratos tanto del Estado como de nosotros mismos, y el calor, no estoy seguro.

Aunque lo cierto es que lo único surgido de aquí, de este desierto, creado por nosotros, y que nos brinda algo de identidad, es la cumbia, y si no es así, llorá, corazón, llorá, porque no sé qué más nos pueda identificar. 

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