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Instrucciones para llorar

Por Patricia Hernández González

“Me gustaría volver a ser niño para poder llorar sin ser criticado por ser hombre”. Por molestar me gustaría torcer la boca, hacer una rabieta, no beber agua de alfalfa y no ser reprendida por llorar sin un motivo.

Recuerdo a las niñas y niños llorones, en los casos más extremos, eran detestables, porque sus lloriqueos anulaban cualquier aventura, juegos que prometían ser divertidos se iban por la borda.  Pero siendo niños, precisamente no había motivos por llorar sin un motivo. Relativamente simple, un sollozo acaparaba una gran verdad, y una lágrima de sal no venía de un cocodrilo y sí de una promesa por cumplir.

En el mundo de los adultos, llorar y que te vean es abrumador, sentir un desbordamiento y que las palabras se empalman a tu voz ya entrecortada, es una exposición a tu intimidad, a la reserva de ti mismo. 

No resulta cómodo en ambas situaciones, llorar o ver llorar en sitios no habituales, menos acostumbrados y con personas ajenas, puede ser una experiencia de las que se dejan por ahí en un rincón. 

Es posible que alguna vez te suceda y el último lugar en donde quieres llorar sería tal vez en el trabajo, o abordo de un taxi, o con desconocidos. 

Esta sola emoción, genera en ocasiones una reacción extralimitada. A veces suele tomarse como un rasgo de debilidad, o bien, una alteración de la conducta. Aunque es claro que importan las razones, no es lo mismo llorar de felicidad, que llorar de impotencia o de dolor. 

Hablar del llanto, es hablar de consecuencias que conmueven, que  predisponen en ocasiones al límite de la victimización. Esto no ayuda y no es  lo que importa, agitar las ideas en un momento de sensibilidad no es necesario. Existe en todo ello una neblina que empaña las causas que se hacen de lado por no faltar a un protocolo, de una cultura de trabajo, de la sociedad, de los afectos y de apegos infundados. De nada sirve si el ambiente o los miembros son solidarios, obviamente de nada sirve si eres una persona que llora con frecuencia, seguramente perderán la sensibilidad y la empatía, y muy probablemente te evitarán o te juzgarán severamente. 

Afortunadamente llorar es un desahogo, una respuesta a una gran carga emocional. Aquí valdrá la pena hacerse la pregunta, con qué frecuencia te pasa, de qué forma y bajo qué circunstancias.

Lo vital es reconocer cuando se vuelve un padecimiento del que no debiera acostumbrarse. Y si por el contrario, que tan difícil te resulta llorar al punto de contenerte o sentirte culpable. 

En el mundo de los adultos parece que hay un letrero invisible de “Prohibido llorar”. No significa que reconocerlo sea fomentarlo pero tampoco quiere decir que hacerlo sea indebido. Fácilmente entra la condición del “síndrome de las mujeres”, sería antinatural si fuera un legado de ellos, porque mismos se dicen que “los hombres no lloran”, creo que no saben cómo hacerlo.

Qué otras “verdades absolutas” nos han enseñado, cuántas realmente las aprendimos y cuántas son parte de las deformaciones cognitivas. 

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Me gustaría traer conmigo un manual imaginario, para así rayar la propia historia de señuelos, donde me diga que llorar, sencillamente no es tan complicado. 

“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.  INSTRUCCIONES PARA LLORAR –JULIO CORTAZAR

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