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Intereses emocionales, revisa tu estado de cuenta

Por Miguel Ángel Centeno

Sin duda ser agradecido(a) es un valor muy importante en los seres humanos, cuando somos agradecidos construimos relaciones de solidaridad constante, afecto y confianza. Corresponder a la confianza y el apoyo que hemos recibido en el pasado nos hace mejores personas, mejores hijos, hermanos, pareja, socios, compañeros(as). 

¿Qué podría suceder en nuestro interior cuando la mente queda atrapada en el agradecimiento y nuestra gratitud se convierte en deuda? Seguramente hemos escuchado o hemos dicho cosas como “siempre estaré agradecido(a)” o “con nada podré pagar lo que hiciste por mi”.  

Y efectivamente, muchas veces con algunas personas funcionamos como si estuviéramos pagando intereses de una deuda más larga que la de tu casa o tu coche. Pereciera de pronto que un favor recibido generara intereses emocionales, intereses que demandan que se corresponda a un favor una y otra y otra y otra vez. ¿Y qué sucede cuando quisiéramos dejar de corresponder a esa persona que nos ha ayudado?  Muchas veces se apodera de nosotros la culpa, la sensación de ingratitud y en casos mucho más nocivos nos tenemos que enfrentar al reproche de esa persona de quien recibimos un apoyo.

Considero que un punto esencial que nos dará claridad en este tipo de situaciones sería establecer en nuestra mente una diferencia entre gratitud y deuda. La gratitud es ese sentimiento que nos hace reconocer el apoyo de alguien, y nos hace expresar con afecto y corresponder de manera comprometida ese apoyo dentro de nuestras posibilidades. Por otro lado, una deuda se caracteriza por un compromiso de pagar algo en una dimensión de préstamo, la condicionante de una transacción en la que deberemos pagar en un plazo pactado y muchas veces con intereses que puedan no solamente pagar el apoyo recibido, además deberemos pagar la molestia o la voluntad de ese favor. 

Los intereses emocionales por favores recibidos tienen la característica de ser una deuda interminable, podemos corresponder a esa persona de diversas maneras, por ejemplo, no dejándola sola, escuchando sus quejas constantemente, retribuyendo un apoyo económico que se ha pagado ya muchas veces, permitiendo que opinen sobre nuestra vida, diciendo que sí a cosas que no queremos y muchos ejemplo más.

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Y  estas deudas suelen ser interminables porque en nuestro interior nos podemos quedar atrapados ante la percepción de que dejar de corresponder significa desafiar, significa ser malos, significa también que como consecuencia de ese desafío deberemos ser castigados. Esa fantasía punitiva tiene que ver con la percepción que tuvimos en nuestra infancia sobre el deber ser y el miedo a ser castigados cuando no lo cumplimos, es un miedo de origen infantil que muchas veces no lo llevamos a la lógica de nuestra vida adulta. Y por otro lado, ese miedo al castigo también se acompaña sentirnos poco merecedores de que alguien nos extienda la mano.

Poner límites a nuestras conductas de compulsivo agradecimiento es un acto de amor propio, quien de verdad nos quiere apoyar ni siquiera espera algo a cambio, y por supuesto que es necesario ser agradecidos, pero más seguido deberíamos revisar nuestro estado de cuenta mental sobre las deudas por agradecimiento, lo más probable es que ya terminamos de pagar desde hace tiempo y podemos dedicarnos más a nosotros. Deberíamos volver a leer el contrato emocional de aquellos que nos han hecho un favor, sobre todo cuando es un favor de aquellos que nos quieren, lo más probable es que en las cláusulas sobre los intereses diga: “Este apoyo no genera ningún tipo de intereses, este apoyo es solo una muestra de mi afecto”.

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