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Invierno en la ausencia

Por Miguel Ángel Centeno

Se acerca el cierre del año, como cada invierno las luces de colores se enredan en los árboles mientras los frentes fríos pasan como olas entre las calles, se deslizan lentamente y dejan memorias en las banquetas. Nuestra mente circular recuerda, evoca las imágenes de cómo fue el fin del año anterior, el calor de los tamales y el atole, las posadas en cada fin de semana, los regalos y los dulces, y sobre todo ese punto cálido de unión, el vínculo de las almas, los abrazos. 

¿Cuántos abrazos estarán ausentes este fin de año? 

El paso de otras feroces olas se ha llevado los abrazos que nos hicieron tan felices, y por otro lado, la necesidad de una distancia vital también nos limita de los abrazos de aquellos a quienes todavía podemos ver. 

Para muchos de nosotros este será un invierno sin un solo abrazo, será el cierre de un ciclo en el que se imponen la ausencia, el cansancio y el desconcierto. Esos seres amados que nos cobijaron, que nos dieron el calor de su pecho y rozaron sus tibias mejillas con las nuestras, probablemente ya no están. ¿Y qué hacer ahora?

 ¿Qué hacer con la ausencia? ¿Cómo navegamos en la soledad? Sin duda la nostalgia será el frente frío más duro de esta temporada.

No creo que el mejor camino sea hundirnos en la angustia, pero tampoco negarla y fingir que nada sucede, creo que tampoco es el camino salir a las calles y pretender que el riesgo ha terminado, no podemos hacerlo en el punto más alto de esta ola de virus. Es quizá el momento de afrontar la realidad, de contemplar la ausencia, de vivir el flujo de la pérdida, de abrazarlo en nuestro interior.

Quizás muchos de nosotros hemos aprendido a lo largo de nuestras vidas a escapar de la ausencia, a ponerle una manta encima y seguir caminando, sin embargo, no debemos olvidar que la ausencia también es vida, es fértil en el recuerdo de imágenes que ocupan nuestra mente y nos llenan de fuerza. La nostalgia es una luz encendida en nuestro pecho, nos llena de calor y nos impulsa.

Recordar será la manera de abrazar en estas fechas, un acto de responsabilidad más que nunca será en estos días un acto de amor. Recordar cuidando la llama de nuestra vida entre las manos, será sin duda el más grande deseo de aquellos que la perdieron y de aquellos que están lejos. 

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Amar la ausencia será otra forma de abrazarnos en este invierno, de mantener ese lazo que nos une y nos sostiene. La cíclica ausencia es como un abono que se desvanece en la tierra y luego se convierte en vida, sin duda así será en algún momento. Lloremos si es necesario, oremos y sigamos de pie cuidando nuestros recursos. 

En unos cuantos días podremos ver el alumbramiento de un nuevo año, un año con nuevos horizontes y mejores noticias, pero sin duda, un mejor panorama será el producto de un cuidado responsable y un fuerte espíritu, un espíritu que ha visto de frente a la ausencia y se llena de fuerza y de ilusión, se llena de la esperanza que acompaña a todos los ciclos.

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