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Las carencias en la administración de Jorge Zermeño Infante

Editorial | @redespoder

El martes 8 de diciembre el alcalde de Torreón, Jorge Zermeño Infante, presentará su segundo informe de gobierno. Hasta el momento, en sus dos gestiones consecutivas, la ciudadanía aún no ha podido ver «el gran proyecto» de infraestructura que algunos y algunas esperaban.

En concreto, la administración municipal se ha manejado con patrones muy establecidos. Durante la primera gestión, que solamente duró un año, se dedicaron a pavimentar calles por todos los sectores de la ciudad. Era sorprendente ver a trabajadores de noche tratando de terminar las obras a tiempo. Al ganar la reelección, el ritmo bajó y no volvimos a ver trabajos a marchas forzadas.

Estos meses, en la víspera de la próxima jornada electoral, otra vez hemos sorprendido a innumerables maquinarias repavimentando diversos sectores de la ciudad, en especial al norte. Las obras van rápido, tal cual se había hecho cuando Zermeño buscó y ganó la reelección.

Esta administración se ha dedicado, solamente, a repavimentar calles, rehabilitar algunos parques, remozar ciertos edificios históricos y manejar con poca solidez los temas sensibles que han ido sucediendo a través del tiempo.

Jorge Zermeño y su equipo de trabajo tuvieron la oportunidad de marcar diferencia con respecto a lo que hicieron sus antecesores, sin embargo, se enfrascaron en actitudes esquivas, poca transparencia y nula autocrítica.

Torreón y la zona metropolitana de La Laguna, es en donde peores sueldos se pagan de todas las zonas metros a nivel nacional. A su vez, la brecha salarial entre hombres y mujeres también es la más amplia de todo el territorio mexicano.

Por los efectos nocivos de la pandemia, en Torreón el desempleo subió a más del seis por ciento, es decir, dos puntos porcentuales en los últimos tres meses y de acuerdo a la última encuesta sobre percepción de seguridad pública las y los torreonenses se sienten más inseguros que el año pasado.

Otra promesa que hizo la administración de Zermeño Infante fue la de bajar considerablemente el recurso destinado para cubrir la nómina municipal. A pesar de que al inicio sí se despidieron a muchos trabajadores y trabajadoras, los sueldos de quienes se quedaron subieron y el costo de la nómina terminó siendo más alto que el de las administraciones anteriores.

Los escándalos de presunto uso excesivo de la fuerza pública por parte de elementos de la Dirección de Vialidad, comandados en ese entonces por Pedro Luis Bernal, quedaron enterrados y, al final, ya no se dieron a conocer ningún tipo de sanciones.

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La deuda que tiene Jorge Zermeño con la comunidad torreonense es grande. Las y los habitantes de la ciudad optaron por un cambio, en gran parte empujados por la pobre gestión de Miguel Riquelme y Eduardo Olmos, del PRI.

Hoy los vicios que se vivían día a día en esas administraciones continúan. El discurso cambió pero en la praxis todo continúa igual. Torreón está rezagado, no se coordina con el resto de los municipios de la zona metro, es la ciudad más conflictuada por la pandemia y las condiciones de vida de sus habitantes son precarias y desventajosas.

¿Qué necesita Torreón para avanzar y progresar? Principalmente voluntad política y social por parte de las autoridades y de las y los empresarios. ¿Sucederá algún día? Habrá que esperar sentados.

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