Por Alejandro González Enríquez

“Ni yo mismo sé por qué o para qué pinto. Mis personajes y todo cuanto les rodea, simplemente emergen de mi subconsciente sin proponérmelo.”

Se dice que estamos hechos de lugar y tiempo, que nuestro contexto nos envuelve y que eso determina completamente nuestras vidas, pero ha habido personas que son grandes excepciones a la regla. Un caso particular es el de José García Ocejo, extraordinario pintor y retratista de la segunda mitad del siglo XX.

Nació en junio de 1928 en Córdoba, Veracruz. De su familia dijo ”Mi padre era un inmigrante español que llegó a México con la esperanza de casarse con una muchacha rica, por azares del destino llegó a Córdoba que por esos años tenía varias familias de españoles con buena posición económica”. La pareja se casó en la Ciudad de México, pero José nació en Córdoba, posterior a esto se trasladaron a Saltillo, Coahuila, sitio en el que tuvo sus primeros acercamientos al arte.

Saltillo a pesar de ser la capital de Coahuila era más bien un pueblo grandote, pero tenía un buen nivel cultural y varias casas palaciegas, mi familia no era culta, pero me inscribieron a clases de piano, ahí descubrí mi talento. Desde los 15 años pinté retratos y a los 18 me fui a la Ciudad de México”.

En la Ciudad de México entró a la carrera de arquitectura de la UNAM, misma que dejaría un tiempo después por recomendación de Diego Rivera, a quien frecuentaba y que le haría que su verdadero talento eran las artes visuales.

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Recibió una beca para ir a estudiar arte en España, ahí se casó e hizo buenas relaciones con el medio artístico. De regreso en México se integró al movimiento denominado “La ruptura”, que se contraponía a los cánones establecidos por la escuela mexicana que hablaban sobre la identidad mexicana y la política, mientras que los otros abogaban por la subjetividad y la visión individual de cada artista.

La convivencia con José Luis Cuevas y Francisco Corzas a quienes describió como sus más grandes amigos lo llevaron a la búsqueda de su propio estilo, él mismo diría que su principal fuente de inspiración sería el romanticismo inglés del siglo XIX y el dandismo. Géneros pictóricos que retratan la época galante europea, ello se combinó con su técnica y su característico trazo.

Aunque hizo obras con carácter surrealista, a investigadores y admiradores les resulta imposible catalogarlo en un solo género, pues a lo largo de más de 70 años de trayectoria transitó por diferentes estilos y temáticas, pero siempre es reconocible su extraordinaria y delicada manera de pintar.

Ocejo; como le gustaba que lo llamaran, murió el 19 de enero de 2019 en la Ciudad de México a los 90 años de edad.

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