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Correspondencias | Alfredo Loera | @alfredoloeramx

Vivimos el momento de la crítica. Las artes, la literatura, el teatro y el cine son autoconscientes de sus procedimientos; por ello han perdido su aura y no pueden continuar con la ingenuidad creadora primigenia. De ahí que la producción subsecuente de las diferentes disciplinas se concentre en parodiar o criticar sus procedimientos. Al menos eso es lo que argumenta más de un crítico. Quizás tengan razón, pero también es probable que esa ingenuidad primigenia sea una falacia. Advierto un sesgo en este tipo de comentarios, como si nos gustara pensar que las personas del pasado eran menos perversas o inteligentes que nosotros. Ya en la Odisea hay metaliteratura y autocrítica, cuando el bardo Demódoco canta las hazañas de Odiseo mientras éste las escucha en el banquete de los Feacios (Rapsoda VIII).

Sin embargo, ciertamente hay algunos indicios para advertir que nuestra época es el momento de la crítica. Lo podemos reconocer al revisar la relevancia de los escritores en la sociedad; por ejemplo, dos de las figuras literarias más importantes de las décadas pasadas fueron críticos: Harold Bloom y George Steiner; en México encontradamente se encuentran Christopher Domínguez Michael y Heriberto Yépez; los libros más leídos y premiados en los últimos tiempos son ensayos críticos. Me vienen a la mente Estrella de dos puntas de Malva Flores, y El infinito en un junco de Irene Vallejo.

Aunque es el momento de la crítica, también a mi modo de ver existe una problemática con la crítica. Hay una contradicción en esta situación, pues aunque los críticos como los citados arriba son más visibles que los novelistas y poetas (y nótese que tanto Flores como Yépez tienen producción literaria de otros géneros que no es leída de igual manera que su producción crítica), por otro lado, la crítica de a pie, periodística, en las reseñas, en las columnas de las publicaciones hegemónicas (que tienen medios de producción privados masivos), se ha visto casi por completo nulificada. La reseña en estos espacios ha dejado de ser crítica para convertirse en promoción. La crítica literaria de las élites intelectuales ha sido relegada a la crítica académica en los institutos de las universidades. Esto es que ya no es leída, al menos no de forma medianamente multitudinaria.

En este sentido, la crítica dentro de la élite intelectual ya no es crítica. Sin embargo, la situación es más compleja, pues según Yépez en su conferencia “La post-crítica” (YouTube), no es que la crítica ya no se ejerza, sino que ahora con el internet y las redes sociales la crítica se ha desplazado a otros sectores de producción creativa e intelectual. El crítico de antaño, como los mencionados en párrafos previos, ha sido desplazado del centro de la opinión pública porque ha sido rebasado por la efervescencia de las microcríticas de todos aquellos subscritores de los diferentes portales como Facebook, Twitter, YouTube, etc. 

Esto ocasiona dos fenómenos. El primero de ellos es que el crítico hegemónico, que ya no es hegemónico, pero lo cierto es que no sé cómo llamarlo, crítico formado en las elites intelectuales, digamos el que publica en una revista de élite intelectual, al no poseer independencia crítica y creativa, al no ejercer ninguna influencia importante que lo posicione dentro de la sociedad, pues la sociedad ya no lo lee, ya no necesita de su crítica, pues cada individuo es en sí mismo un crítico, con su blog y su canal de YouTube; este crítico “hegemónico”, como digo, se ha visto en la necesidad de ablandar sus argumentos para no perder su posición política ni económica, es decir, sus espacios en las publicaciones, llámense libros o revistas, puestos en instituciones culturales o educativas, y sobre todo su prestigio dentro de un medio cerrado como es el de las élites intelectuales. Se ha visto en la necesidad de aparentar cierta amabilidad, cierta postura buena onda o en el menor de los casos una postura ecuánime, casi didáctica, con la consecuencia de que sus ideas parecen ser no sus verdaderas ideas sino lo que el lector meta de la publicación en cuestión desea leer o escuchar. Una especie de reafirmación en el círculo vicioso de las reafirmaciones sectarias, o si se quiere segmentadas. En esta revista puedes escribir lo que quieras siempre y cuando escribas con cierto tono o sobre ciertos temas y autores de tal modo que los promociones. Las revistas, las publicaciones, se vuelven así medios mercadológicos y no críticos.

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El otro fenómeno es aquel que va en el sentido contrario, se trata de una multitud de voces, que no por ello deja de estar segmentada o si se desea enraizada en gran medida en el pensamiento sectario, que no tiene empacho en decir lo que piensa porque de todas formas no tiene nada que perder más allá de la monetarización que proporcione la red social. Que sin embargo, por carecer la mayoría de los casos de una formación intelectual, o una intención analítica y sintética, no deja de padecer ciertos vicios del pensamiento y la crítica misma, como puede ser el capricho, la arbitrariedad, o incluso la violencia y el discurso de odio. Este tipo de crítica no es homogénea y es caótica, y como lo dije, casi nunca busca la verdad o el conocimiento, sino casi siempre el desahogo de la neurosis o la paranoia de nuestra organización política, económica y cultural, pues está constituida de todas las producciones de los millones de subscritores de las diferentes redes sociales, en los posts de Facebook o los canales de YouTube, los blogs, Tweeter, etc. Este tipo de crítica es más leída, porque es más polémica e inclusiva, pues dialoga de modo directo, pero a final de cuentas no deja de estar sesgada por el efecto de la echo chamber, donde el algoritmo sólo te muestra lo que encuadra según tu conducta en las mismas redes. Jamás en la historia de las artes y la literatura había habido tantos críticos y reseñistas, que hablaran de las diferentes producciones creativas desde las valoraciones y los puntos de vista más disímiles y encontrados. Sin embargo, esto genera al mismo tiempo ruido y confusión, burbujas que en cualquier momento se revientan.

Tiendo a considerar que la mejor crítica de nuestro tiempo vendrá de esta segunda crítica, pero para encontrarla tendremos que empezar a hacer crítica de la crítica.    

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