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La fractura del Nazas

La avenida del río fue un evento extraordinario que paralizó a los laguneros durante varias semanas. La pletórica vista desde cualquier puente o desde la misma orilla del vado remontó a muchas personas al pasado, cuando en Torreón el aire era más pueblerino, más unido, más tradicional y más auténtico.

Los puentes, pasos a desnivel, caminos y pozos de agua fueron severamente dañados por la sorpresiva embestida del Nazas. La poca visión y planeación de quienes construyeron sobre una superficie insegura provocó pérdidas millonarias. La tardanza en la edificación de los puentes de la Falcón y La Unión generó un daño severo en sus cimientos y una pérdida abrumadora de tiempo e inversión. El atraso que vive la ciudad merece ser señalado para, después, exigir que se cumpla con un buen empleo del recurso, que se vea, que se sienta, que se respire y que no levante suspicacias.

Se calcula que los daños en la Laguna de Coahuila ascienden a 130 millones de pesos. Éstos, serían utilizados para reconstruir lo que, más adelante, volverá a estropearse. El recurso, en teoría, provendrá del fondo para desastres naturales que, según comentan las autoridades, tardará en llegar a la región.

¿Es válido que las autoridades sigan tomando decisiones sobre la marcha, con nula planeación y con una preocupante intransigencia? ¿Se debe seguir construyendo al borde del río? ¿Es normal que se tarden tanto en construir un par de puentes que tampoco son tan grandes? ¿Por qué cuando se necesita el recurso, éste tarda en llegar?

La ineficiencia de nuestro sistema municipal, estatal y federal tiene preocupada a una ciudadanía harta de tanta incompetencia y necesitada de atención y trabajo en su hogar.

Que Leticia Herrera se ponga a trabajar y a levantar la derrumbada ciudad de Gómez Palacio. Que la señora Achem trabaje para rescatar a todas las familias lerdenses que perdieron su patrimonio. Que el señor Riquelme deje de lado sus corrientes y estrambóticas fiestas y se ponga a trabajar en Torreón, en lo que le corresponde y que el ladrillo en donde está parado se lo quiten para que entienda que un político debe tener empatía y sensibilidad hacia los problemas que enfrentan los ciudadanos. Que Rubén Moreira considere que, a pesar de su temible fama, de la arraigada corrupción que se ha destapado últimamente, de su escalofriante demagogia que es capaz de engañar a quien tiene la ilusión de un cambio y su terrible egoísmo, pueda ayudar a reconstruir un estado en donde hay desaparecidos, marginación, pobreza, poca competitividad laboral, poca infraestructura y mucha, mucha corrupción que, por cierto, ha sido solapada por él. Que Rosas Aispuro, a pesar de su formación priista desbanque a Durango como el estado más pobre del norte del país y que lo ayude a respirar y a sentirse vivo. Que los ciudadanos entendamos que la participación en la vida política de nuestra región dará como resultado un gobierno más justo y unos gobernantes más presionados por cumplir con su trabajo. Que esto que acabo de escribir pase a ser una realidad, y no un sueño guajiro que me encausa hacia una visión utópica e inalcanzable.

Coahuila y Durango fueron arrasados por un río que ellos mismos trataron de encerrar y controlar. El padre Nazas, con toda su sabiduría, desvistió y exhibió la terrible infraestructura que una a los dos estados. Es tiempo de exigir justicia y de señalar a los incompetentes que han hundido a la región en el atraso y el abandono.

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