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La independencia de México

El espejo en el espejo |  Leonardo Crespo | @LeonardoGCZ

El día lunes de esta semana se cumplieron 199 años de la firma del acta de independencia del imperio mexicano. Esa victoria, que se la debemos a hombres como Agustín de Iturbide, Vicente Guerrero, Juan O’Donojú, entre otros, quienes aspiraron, con tal documento, a separar los intereses de los extranjeros de nuestra nación. Algo muy diferente a lo que había propuesto el cura Miguel Hidalgo, quien pedía que se restaurara el poder de Fernando VII. 

Sin embargo, las aspiraciones de aquellos que firmaron el acta de independencia nunca se han visto auténticamente concretadas, ya que como nación, siempre hemos servido a intereses de nuestro vecino del norte. Pero nuestro peor enemigo no está en ello. Es más, ese tal vez sea, actualmente, el menor de nuestros males. 

El verdadero peligro radica al interior de nuestras fronteras. Aquello de lo que difícilmente nos podremos independizar es de la voracidad, la codicia y el egoísmo; de los intereses particulares de aquellos que manejan nuestro país. Lo mismo políticos, como empresarios, las ambiciones de unos pocos han costado y cuestan y costarán afectaciones para muchos.

Todos esos pueblos y comunidades, activistas y periodistas, que han sido desaparecidos o amenazados para permitir la explotación de sus recursos naturales son un ejemplo de ello. Los casos documentados y denunciados de las mineras canadienses que contratan sicarios para vigilar, amedrentar o asesinar a opositores o la tala clandestina que genera el 70% por ciento de la madera que se comercializa.

Los desastres ecológicos a manos de industrias y empresarios inconscientes, tales como el arrojamiento de ácido sulfúrico en el río Bacanuchi en 2010. O el derramamiento de petróleo crudo en el Golfo de México por la plataforma Deep Water Horizon. O la devastación de varias hectáreas del manglar de Tajamar, destruido por el capricho de construir un área residencial. 

Por otro lado, es esa misma ambición desmedida la que endeuda las arcas públicas, tal como sucedió con las administraciones de César Duarte en Chihuahua, con Javier Duarte en Veracruz, en Sinaloa con Mario López Valdez, o aquí mismo en Coahuila con Humberto Moreira. 

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El robo de todos esos millones de pesos terminó afectando el desarrollo de los estados, además de dañar directamente las garantías de los ciudadanos, quienes esperan que de ese dinero, ellos puedan acceder a servicios básicos como la salud, el agua, la seguridad y demás derechos humanos establecidos en nuestra constitución.

Lo peor de todo es que a pesar de las circunstancias, todavía hay gente que defienda esas situaciones. Tanto a los empresarios como a los políticos. Y creo que el problema está en que no han visibilizado las secuelas que dejaron las acciones de estos y otros actores de nuestra nación. Sin embargo, deseo que tanto actores, como líderes de opinión, como todos y cada uno de nosotros podamos abrir los ojos y renunciar a nuestras ataduras y cadenas, para poder traer una verdadera independencia a nuestro México.

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