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La ley del talión de Fernando de la Vara

Por Alfredo Loera

Lo literario se relaciona más con lo íntimo, con sincerarse, con aquello incómodo, con eso que no estamos dispuestos a hablar en una conversación común. Emil Cioran comenta que en un libro se escribe aquello que no estaríamos dispuestos a revelar a nadie, eso que más nos desagrada o avergüenza, tal vez, incluso, eso que nos aterroriza. Todo libro no escrito bajo estos supuestos vendrá a ser superfluo y redundante, no poseerá ninguna novedad y por lo tanto su escritura será ampulosa. Carecerá de un sentido real para su publicación.

Es una falacia que la literatura es el lugar de las imágenes bellas. No es el lugar de las frases retóricamente bien escritas. Por el contrario, considero que la literatura es en verdad literatura cuando la palabra es el vehículo de las visiones y las realidades humanas más crudas. Contradictoriamente, no es tan común, como podría pensarse, encontrar escritores con dicho espíritu.

Por fortuna, Fernando de la Vara lo es. Así lo demuestra su primer libro de cuentos Ojo por diente, publicado por la Secretaría de Cultura de Coahuila, en su colección Canto Rodado.

Se trata de un libro violento, crudo, ya desde el título, pues la mayoría de las historias están escritas con ese espíritu esbozado al inicio de estas líneas. Fernando de la Vara nos muestra algunas de las peores situaciones de nuestra sociedad, llena de narcotráfico, desaparecidos, fracasados, neuróticos y drogadictos. En sus párrafos uno encuentra vicios, personajes pusilánimes con ideas pusilánimes y prejuicios. Llama la atención la búsqueda literaria por adentrarse en la profundidad de estas circunstancias. En este sentido, la forma del cuento trabajado por de la Vara se adapta, se disloca. Se advierte que es un escritor sin temor a infligir las convenciones literarias con el objetivo de abordar eso que preferimos callar frente a los otros, los tabús continuos en nuestras conversaciones socialmente aceptadas, en las cuales es frecuente la omisión de las desapariciones de personas, de la muerte absurda, los celos enfermizos, la pobreza de ideas, la envidia y la soledad. Ese por supuesto es uno de sus más grandes aciertos. También donde se distingue una voz personal y una poética, cosa difícil de encontrar en escritores jóvenes, quienes normalmente copian a sus mayores o buscan sorprender con artificios formales y retóricos vacíos. Fernando de la Vara no copia a nadie y por eso mismo su libro Ojo por diente se presenta como una colección de cuentos interesantes y propositivos, en un ambiente literario desgastado por las fórmulas. El segundo acierto es el humor cínico. A pesar de que sus historias son dignas de la nota roja, no deja de ser evidente, en la voz autoral, una especie de burla. A final de cuentas, la especie humana, a pesar de sus grandes sufrimientos, no deja de ser ridícula. Al menos eso parece hacernos notar Fernando de la Vara.

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Destaco, tres piezas: “Cruzar la calle”, “Adiós, Oralia” y “Domingo”. La primera se trata de una representación narrada en primera persona de la realidad actual del país, donde los sicarios controlan las calles. El personaje le cuenta a un interlocutor ficticio cómo estuvo a punto de ser asesinado por dos hombres armados. Resalta el uso del lenguaje, lo cual le da verosimilitud a lo narrado. El segundo cuento de mi selección es mucho más elaborado, mucho más psicológico, hasta cierto punto, sin esto significar un defecto. Un narrador al parecer omnisciente nos cuenta la vida de Oralia y cómo encontró sentido a su existencia por su matrimonio con Emilio. Llama la atención cómo la voz narrativa en dado momento pierde su omnisciencia y se convierte en la voz interna del personaje. Me parece un gran acierto formal para poder adentrarse a una mejor perspectiva de la realidad humana del personaje. Por último, “Domingo”. A pesar de que la anécdota es un tanto sencilla, la narración en primera persona es cómica y da lugar a que el lector se identifique con el personaje en las vicisitudes pusilánimes de la vida contemporánea.

No todos los cuentos son fatalistas; sin embargo, la mirada autoral presenta una realidad humana cruda, difícil, en ocasiones, absurda. No es de extrañarse, pues Fernando de la Vara habla de eso que preferimos callar, de eso que nos incomoda, y por tal motivo la aparición de su libro es de celebrarse. No hay que perderle el ojo ni el diente, a este joven escritor, será interesante descubrir lo que nos mostrará en futuras obras.

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