Por Fernando de la Vara

El domingo 7 de junio, el día de la libertad de expresión, elementos de la Policía Municipal de Terror, Coahuila, detuvieron a 7 personas que se manifestaban, de manera pacífica, en contra de las represiones y abusos de autoridad de diferentes cuerpos policiacos. Las protestas en Estados Unidos, tras la muerte de George Floyd, detenido y asfixiado por policías de Minneapolis, y de Giovanni López, detenido y asesinado por policías de Jalisco, presuntamente por no usar tapabocas durante la contingencia, provocó la manifestación en la Plaza Mayor. 

La manifestación consistía en un performance. Con pintura roja lavable se plasmaron las palmas de las manos, simulando la sangre de las víctimas, a lo largo del muro que se encuentra a un costado de las escalinatas de la presidencia. Entre los 7 detenidos se encontraban 2 menores de edad. El altercado fue publicado en redes sociales y alcanzó bastante notoriedad entre la comunidad lagunera. De inmediato algunos medios difundieron notas algo escuetas y reprodujeron los videos. 

Hasta el martes 9 de junio fueron las primeras declaraciones de las autoridades al respecto. Se puede resumir la indolencia del alcalde Zermeño en esta frase: “Se usó la fuerza mínima. Exageran las cosas”. El secretario del ayuntamiento, Sergio Lara Galván, negó que se haya cometido “represión policial”. Las autoridades, en especial Zermeño, defienden a los policías: “¿Quién señala que [las detenciones] fueron arbitrarias? Los detenidos. Ellos siempre dirán que es arbitrario”, declaró Zermeño, y sigue: “Los edificios públicos son de todos, tuyos, míos, pero nadie tiene derecho de estar pintarrajeando las paredes de nadie, tenemos que respetarnos todos, yo creo que ni a ti ni a nadie le gustaría que le vayan a pintarrajear su casa”.

En los videos que circulan, en cambio, se ve cómo el grupo de manifestantes está rodeado por policías, incluidos agentes de vialidad, y cómo no existe un diálogo, sino un monólogo por parte de los agentes, como si no entendieran las palabras de los manifestantes. 

Los detenidos fueron liberados el lunes 8, y el martes, a la par de las primeras declaraciones de las autoridades, circularon un comunicado y su testimonio: “La mayoría fuimos sometidos violentamente y recibimos amenazas de desaparición, además de tortura física y psicológica dentro de las unidades y dentro de las instalaciones de la policía. A una de las menores la tumbaron al suelo sin haber opuesto resistencia, la sofocaron con el antebrazo y le lastimaron las muñecas haciendo uso desmedido de la fuerza para esposarla. Fue intimidada y acosada psicológicamente en las celdas, siendo la amenaza de desaparición, por parte de algunos elementos, dentro de las instalaciones, la más grave (…) Cabe aclarar, también, que a otro de nuestros compañeros le pintaron las manos de rojo para inculparlo de haber hecho pintas, cuando él no tuvo nada que ver con esa parte de la manifestación”.

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En el comunicado, además señalan que antes de ser procesados por el control de detenidos, sus rostros fueron fotografiados en múltiples ocasiones con los celulares personales de muchos oficiales, y hacen responsables a las autoridades involucradas de cualquier acto violento ejercido en contra de los participantes de esta manifestación.

Desde el domingo, los medios le han dado seguimiento a la noticia. Lo que llama fuertemente mi atención, desde hace muchos años, son los comentarios de los lectores y los usuarios en los foros, tanto del periódico “defensor de la comunidad” como de las páginas que surgieron como medios alternativos durante la “guerra contra el narco”, como el Código Rojo; en esta ocasión, lo comentarios fueron más o menos en el siguiente tono: “Muy bien por la autoridad, no toleraremos esos actos de vandalismo”, “Y les fue bien a los manifestantes, si los hubiera agarrado yo les parto su madre ahí mismo”, “Cómo piden que se les trate dignamente si son unos pinches vándalos”… Siempre he considerado que los comentarios de esos espacios evidencian en buena medida el pensamiento del ciudadano promedio, y aunque hay comentarios en apoyo a los manifestantes, estos son los menos.

¿Por qué se celebra la manera de actuar de la autoridad?, ¿por qué buena parte de la sociedad está dispuesta a permitir los atropellos de los policías? Hay quienes responden a estas preguntas de manera muy reduccionista: “Si no se manifestaran eso no les hubiera pasado”. ¿Por qué nos cuesta tanto considerar al otro

Tratar de dar una respuesta clara a estas preguntas es muy complejo, pero estoy convencido que se trata de un problema estructural, se trata de las maneras en que afrontamos la realidad, qué hacemos ante ella, se trata de las herramientas que tenemos, o somos capaces de generar, para ejercer el pensamiento crítico. 

Sin embargo, cuando estamos en medio de la convulsión, es difícil identificar el problema, más complicado aún percibir sus raíces, darnos cuenta de cómo lo replicamos y fortalecemos, y claro, es más fácil creer que quienes se indignan y manifiestan de cualquier manera, son menos que nosotros y merecen toda la represión posible, porque esa misma represión nosotros nunca la vamos a sufrir, consideramos al otro hasta que un policía está enfrente de ti, con una mano sobando la cacha de su pistola, la otra señalándote, con una sonrisa burlona, y te dice: “Por eso, joven”. 

* El punto de vista del autor no necesariamente refleja la postura de esta casa editorial, Red es Poder es un foro de voz libre y así será siempre.

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