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La resurrección de los que no debieron morir

¿A poco no…? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no es cierto que ‘Hay muertos que no hacen ruido y es más grande su penar’?, como dice el verso de La Llorona, canción tradicional que hoy, día de difuntos viene al caso, porque sí es cierto: entre los muertos que no hacen ruido, pero que su penar es grande, están algunos viejos valores humanos como la caballerosidad, el pudor femenino, el respeto a los mayores y la urbanidad, entre otros, que las generaciones de hoy, en su mayoría, consideran anticuados; valores que se fueron perdiendo hasta morir en el olvido y que sólo sobreviven en unos cuantos mexicanos que no han sido capaces de propagarlos, ante la avalancha de la globalización, el post modernismo y las redes sociales.

Otro de los muertos, pero que éste sí hace mucho ruido, es el Estado de derecho en varias partes del país donde, de plano, la delincuencia organizada ha desplazado a las autoridades y la violencia cobra otros muertos, también muy ruidosos y numerosos, que se cuentan en centenas de miles, desde la cruzada contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón que continuó con el gobierno anterior y que el actual suspendió bajo la premisa de ‘abrazos, no balazos’, sin éxito alguno, ya que los homicidios dolosos no cesan.

El civismo que trae consigo el respeto a las leyes y reglamentos es otro difunto cuyo deceso se refleja en la alta incidencia delictiva de todo tipo, la evasión fiscal, la piratería en todos los rubros, el incremento de las multas de tránsito y las “mordidas”, los terrenos baldíos convertidos en depósitos de basura, escombro y animales muertos, la infinidad de vehículos que circulan sin placas, las violaciones a la normativa del medio ambiente, la colocación de “diablitos” para evitar el pago de energía eléctrica, la falsificación de documentos de todo tipo y un interminable etcétera. Por desgracia, es una minoría excepcional la que aún conserva una actitud de civismo y de respeto a las normas que nos rigen, por convicción y no por conveniencia, ante el temor de ser sancionado.

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En estrecha relación con lo anterior, se incluye la defunción del amor a la Patria, en el plano nacional, y del espíritu lagunero en el regional, lo que se manifiesta en la gran mayoría de la comunidad, sobre todo, en la clase política gobernante. Prueba de ello es que la corrupción y la impunidad sentaron sus reales. Son pocos los políticos mexicanos que en verdad demuestran amar a su Patria, sirviéndola, en lugar de servirse de ella, y los laguneros dispuestos a darlo todo, como los fundadores de esta comarca, para rescatarla de la inercia que la ha hundido en la inseguridad, el desempleo, la falta de productividad, la escasa cantidad de obra pública y la poca calidad de los servicios urbanos, entre otros problemas.

La mayoría de las religiones a lo largo de la historia del ser humano coinciden en que no hay muerte, sólo hay cambio, o se dice, cuando una persona fallece, que “pasó a mejor vida”, pero en los casos que nos han ocupado, “pasó a peor vida”. Es urgente el despertar de la conciencia cívica, mediante la acción colectiva y la participación comprometida, para que todos -sociedad y gobierno-, rescatemos los viejos valores humanos, el Estado de derecho, el civismo que trae consigo el respeto a leyes, normas y reglamentos, el amor a la Patria y el espíritu lagunero, y con ello, se logre la anhelada resurrección de los que no debieron morir. ¿A poco no? ¡Ánimo!

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