El jueves 7 de mayo, en Terror, Coahuila, despertamos con la noticia de que tres enfermeras fueron asesinadas. Durante el viernes 8, diversos organismos y sociedad civil reclamaron justicia por los hechos, se hizo un evento a manera de homenaje-despedida en la Clínica 46 del Seguro Social, en Gómez Balazo, en donde trabajaba una de las mujeres asesinadas; y el sábado 9, por la madrugada, aparecieron pintas por la ciudad: “Cuarentena Violenta”, “Estado Feminicida”, “Torreón Feminicida”, entre otras. El mismo sábado, desde las diez de la mañana, la mayoría de las pintas eran borradas por empleados del municipio. 

Días atrás, el miércoles 6 de mayo, para ser preciso, AMLO rechazó el incremento de la violencia doméstica durante la cuarentena:

“En el caso de la violencia en general y la violencia contra las mujeres, no hemos advertido un incremento. Desde luego, las formas que tenemos para medirlo son las denuncias que se presentan, puede haber cifra negra, pero en las denuncias no ha habido un incremento”, dijo el Presidente.

Evidentemente AMLO se equivoca, no sólo se ha incrementado la violencia contra la mujer, sino la violencia en general. Él confía en los reportes que se hacen a las líneas de emergencia y en las denuncias, pero ¿cómo se denuncia ante las autoridades correspondientes, si la misma contingencia mantiene trabajando a medias los espacios de instituciones públicas, en algunos casos, y en otros, la mayoría, cerrados?

Desde que fue el tiroteo en el Colegio Cervantes pareciera como si nada más fuera capaz de sorprender a La Laguna. Quiero suponer que el triple homicidio no fue tan mediático porque nos encontramos en medio de una contingencia sanitaria, no porque somos indiferentes. En cambio, quienes me consta que sí demuestran ser indolentes, son las autoridades. La prontitud con la que disponen de personal y de recursos para ir a borrar las consignas es impresionante.

Llegué a pensar que está bien así, no saturarnos, que los medios no le den una cobertura tan amplia a la desgracia, pues han demostrado en otras ocasiones que el morbo es lo que más vende y hay que acarrear más clics al portal. De inmediato rectifiqué: no está bien, pareciera que a los medios no les interesa la muerte de tres mujeres más.

Segato advierte que el tratamiento del feminicidio como un espectáculo, por parte de los medios, brinda a los agresores la oportunidad de volverse una especie de celebridades y alienta a más agresores y a posibles agresores a actuar, pues el tratamiento de los medios da la sensación de que no hay consecuencias. Pero la falta de cobertura es peor, pues invisibiliza la desgracia. La vuelve mera estadística. 

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Necesitamos información, no especulación, pero más importante aún, necesitamos ejercitar más el pensamiento crítico para discriminar información.

Todas las notas que he visto y la información que he escuchado, mencionan escuetamente la muerte de las tres enfermeras, carajo, como si la particularidad de la nota no diera en sí el material suficiente para que los medios pongan en jaque la inoperancia del Estado ante los feminicidios.

Sin embargo, la muerte se diluye ante la contingencia. Y AMLO no está dispuesto a aceptar la inoperancia de los organismos que, en teoría, deberían velar por la seguridad de todas y todos. 

Es como si la violencia de los eventos que sufren diariamente las mujeres fuera lo normal. Tan común que no merece la pena mencionarlo. ¿Y eso debe ser correcto? Ojalá que hagan pintas y que quemen todo si se considera la barbarie “normal”, pues al menos así, queda constancia de que no todos somos indolentes.

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