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En México sí hay libertad de expresión, pero también se estigmatiza

Un grupo de 667 intelectuales y profesionales de la ciencia publicó un pronunciamiento en donde solicitó al presidente Andrés Manuel López Obardor detener sus ataques contra la libertad de expresión.

«La libertad de expresión está bajo asedio en México. Con ello, está amenazada la democracia. El presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra los que él llama sus adversarios…»

Personajes como Alejandro Hope, Beatriz Pagés, Enrique Krauze, Francisco González, Héctor Aguilar Camín, León Krauze, Juan Ignacio Zavala, entre más personas, firmaron el documento que puso sobre la mesa el debate si el presidente está reprimiendo la libertad de expresión.

Hoy, más que nunca, hemos leído editoriales en los periódicos, tweets en las redes sociales y visto opiniones en la televisión en donde se adjetiva, se insulta, se menosprecia y hasta se discrimina al presidente López Obrador. Vivimos una época en donde el rigor periodístico y la investigación se han dejado de lado para pasar al juicios y a los insultos.

Medios de comunicación como Reforma u organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción se han dedicado a dirigir golpes mediáticos en contra del presidente, y López Obrador se ha enganchado y ha ejercido con poca inteligencia su derecho de réplica en la conferencia de prensa mañanera.

En México, por parte del mandatario nacional, no estamos viendo ataques contra la libertad de expresión, sino a una figura presidencial que, diariamente, ejerce su derecho de réplica. Por otra parte, los medios de comunicación, líderes y lideresas de opinión más importantes del país no están acostumbrados a que señalen sus antecedentes, a que les respondan, a que les cuestionen.

Ni el presidente debe estigmatizar a los medios que no congenian con su manera de gobernar, ni quienes opinan deben exagerar las cosas al asegurar que están coartando su libertad para expresarse.

Estamos ante la administración más polarizada de la historia. El presidente se ha encargado, mediante su discurso, de dividir entre malas y buenos a quienes les siguen y le adversan. La lucha ideológica es encarnizada. Las primeras planas de los periódicos están sesgadas y se refugian en el golpeteo, más que en el rigor periodístico.

Para mejorar como sociedad, el presidente debe entender que los medios deben fungir como una oposición sana, que documente lo que publique, que no caiga en adjetivos pero que todo el tiempo esté vigilando el quehacer de la figura presidencial. Por otra parte, editorialistas y medios de comunicación se tendrán que acostumbrar a que López Obrador continúe ejerciendo su derecho de réplica. Deberán continuar con las críticas, análisis y señalamientos tal como lo han hecho, pero tendrán que investigar más, documentar, dejar de lado las filias y las fobias, ignorar sus intereses comerciales y generar, con inteligencia, debates sanos para la agenda pública.

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En México sí hay libertad de expresión, pero también se estigmatiza periodistas, no hay duda. Nos hubiera encantado leer un comunicado o pronunciamiento en donde se exige justicia y seguridad para colegas que han perdido la vida a causa del oficio. Hubiéramos preferido una carta pública dirigida a dirigentes de los medios para que garanticen la seguridad de su personal y dignifiquen su trabajo con mejores salarios.

Lo del documento firmado por 650 profesionales de la ciencia e intelectuales más bien nos pareció un berrinche mal planeado que defiende los intereses de un grupo en específico. Asimismo, el presidente, en reiteradas ocasiones, no ha sido inteligente al contestar las críticas y señalamientos.

Nos falta mucho para avanzar como sociedad; educación, civismo, rigor, formas. Sólo queda entender qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal, fungir como una sana oposición y no caer en dinámicas destructivas que sólo personalizan y agrandan una rivalidad absurda entre la opinión pública y el presidente de México.

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