El 1% de la humanidad ya es propietaria del 99% de la riqueza

Informe anual, Foro Económico de Davos

Me es muy difícil dejar de pensar en lo que vivimos a diario, de analizar el mundo en el que estoy inserto. Me detiene el rojo, el tráfico me hastía. Los semáforos ordenan el trafico, le dan pausa, ritmo. Están programados para favorecer con más tiempo a las calles que traen mayor carga o a priorizar el flujo vehicular en base a las estrategias de movilidad de las autoridades en turno, los resultados son arbitrarios. Uno como conductor aprende a compensar la discriminación sufrida por la calle utilizada tomando atajos o arriesgando el pelllejo al acelerar a pesar de que el amarillo ya esta dictando su advertencia.

Cuando el sistema de semaforización falla, ya sea por falta de energía eléctrica o por algún desperfecto en el sistema, el caos brota por doquier, aflora el instinto primitivo de supervivencia y dudamos del nivel de civilización que suponíamos había alcanzado nuestra comunidad.

Las reglas y normas sirven para poder interactuar como sociedad en orden y utópicamente, en armonía.

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Pero… ¿Que pasa cuando un segmento importante de los conductores empieza a percibir descaradas preferencias, inocultables arreglos en favor de casi siempre “los mismos” que dan apariencia de siempre, siempre tener luz verde mal toman el volante y nunca se les ve rumiando el dia a la espera de que el rojo termine su impositiva dictadura? ¿Por qué algunos “importantes” hasta escolta policiaca traen y trastocan el orden alterando la natural y sana predispisicion a la convivencia?

Es importante el orden pero la armonía es vital y urgente. Si los ciudadanos no perciben que hay lógica , orden, legalidad, justicia y armonía en la manera de ordenar el trafico, pueden, los más vivos, sentirse tentados a tomar la imprudente pero legitima acción de…pasarse el rojo o de tomar  imprudentes atajos.

Veo un ciclista, ser humano de carne y hueso que compite en desleal desventaja con la sólida estructura de nuestros vehículos. ¿No deberían de tener un camellón arbolado al centro de toda avenida para que circulen con seguridad? ¿Por qué sonrien si van tragando humo? ¿Qué saben que nosotros ignoramos?

Dejo de escuchar el interesante debate en la radio, sigo tratando de reflexionar mi escurridisa existencia en esta pecera de pavimento en la que sufro la dictadura del tráfico.

Imagino que existe un algoritmo escondido en el sistema que detecta los minutos que acumulas con el semáforo en rojo y te clasifica como perdedor. Si el saldo de tu puntaje es negativo, seguramente el sistema lo detectará y tus rojos serán más frecuentes, se alargaran aún más, aumentando tu puntaje negativo y así al infinito hasta que tu mala fortuna se recicle y  te inmovilice, alejando tus posibilidades de pertenecer al selecto club de a los que casi siempre les toca en verde.

Cada minuto que pasas en rojo, modifica tus oportunidades,  tendras mas rojos.

¿Qué pasa con gente talentosa, productiva, que por no ser tan astuta se la vive atorada en los semaforos viendo espantado como su vida se extravía en el perverso laberinto del rojo? ¿Pierden solo ellos, o pierde toda la comunidad? Probablemente los mas productivos, los que fabrican mejor vida para todos, desperdicien su vida y nosotros su talento.

Además, gente que ha acumulado muchos rojos o que no ha encontrado una oportunidad o no ha aprovechado las que tuvo, conducen en vehiculos más frágiles en los que arriegan sus vidas. No solo batallan en avanzar, encima arriesgan su integridad.

Pienso en el sistema bancario y en el comercio, tambien tienen semáforos. Resulta que los mismos que acumulan rojos en el sistema de tráfico, pagan más intereses en sus créditos, no conocen la tasa preferencial, les piden más garantias y les exigen más papeleo.  También en el comercio, compran todo más caro y difrutan mas tarde de los estrenos. Por si faltaba algo, he descubierto algo fascinante, los desafortunados financian con sus escasos remanentes a los pocos privilegiados que tienen acceso a las economias de escala.

Que barbaridad, con razón el mundo está como está.

Un rebuznar de bocinas me despierta de mi reflexión, por fin me tocó el verde y raudo me alejo del crucero anhelando un sistema sustentable, no dije ni equitativo ni justo, tan solo sustentable, en donde se privilegie el talento  con un poco más de luz verde para que lleguen pronto a su destino y nos endulcen la vida con sus aportaciones, un sistema que privilegie la capacidad productiva por encima de la astucia y las relaciones, que proteja al heroico ciclista que nos recuerda con cada pedaleada que es posible crear el cielo aquí en esta lodosa y bendita tierra.

Texto vía El Pensador Amateur

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