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Lucinda Urrusti, el misterio de la apariencia

Colaboraciones | Alejandro González

“Un pintor debe tener dos vidas – una en la cual aprender y una en la cual practicar su arte”

-Pierre Bonnard

Una expresión así acompañaría muy bien la vida y trayectoria de una artista tan importante como lo ha sido Lucinda Urrusti y tal vez podría decirse que no sólo dos vidas sino muchas más. Nació en Melilla, España. La guerra obligó a su familia a huir a Francia pues su padre era soldado republicano, en ese país fueron recluidos en un campo de concentración y de ahí, gracias a la suerte y la caridad humana llegaron a México, por medio de un barco denominado Sinaia.

En la capital de este país fue donde muy joven descubrió sus dotes artísticas. Dibujaba a quien se quedara quieto y así fue como los clientes de su madre, que era costurera, empezaron a hacer encargos y recibir pago por ello. Esto la haría pensar en un principio matricularse en arquitectura, pero al final se decantaría por las artes visuales en la Esmeralda. De entre sus maestros destaca sobre todo Ricardo Martínez (1918-2009) de quien fue alumna y seguidora.

Mucho se ha escrito ya de su basto trabajo, el cual comenzó en forma desde 1953, participando en bienales como la Panamericana o la de la Juventud en París. A la fecha ya contabiliza varios centenares de exposiciones entre individuales y colectivas. Si bien durante su formación estaba en boga el movimiento muralista, no lo siguió pues consideraba que el arte va mucho más allá de las influencias políticas. Su generación, bautizada como la ruptura, adoptó un nuevo camino de la estética del arte mexicano mucho más personal e individual.

Podríamos tal vez decir que su obra se ha alejado de las durezas del dibujo convencional y en esta exploración ha podido ir desde la más pura abstracción con el uso de diversos materiales, objetos, texturas y formas caóticas hasta el realismo riguroso de sus extraordinarios retratos, como es el caso del retrato de Carlos Fuentes del 2009. La luz y la materia se conjugan armónicamente, no importa el color usado ni el material, ni la forma. Los llenos y vacíos forman un todo en su materia.

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Lucinda Urrusti, el misterio de la apariencia red es poder
Retrato de Carlos Fuentes: 2009

El día que yo le conocí era una tarde de verano del 2018, me abrió las puertas de su estudio, un templo al arte y a la impresión. Recuerdo haber quedado maravillado cuando cruzó el umbral y se presentó ante nosotros. Hoy en día al cabo del tiempo y de haber seguido su trabajo puedo notar que su vida y su presencia quedan impresas en su arte. Así, post impresionista, como le han dicho y así será siempre. Una luz que acompaña en cada lienzo, una luz que la acompaña todos los días en su refugio de Xochimilco.

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