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Entre el látigo y el cristal, ¿cómo estamos conduciendo a las nuevas generaciones?

Por Miguel Ángel Centeno

“La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros».

Sócrates

 

Cada generación atravesamos por diversos fenómenos y movimientos que generan cambios en la forma de pensar de los niños(as) y jóvenes, pensamientos que ocasionan conductas no esperadas y que ante los ojos de las anteriores generaciones pueden representar un claro síntoma de descontrol, de falta de valores, de una vida sin rumbo.

Actualmente los padres, madres, maestros(as), psicólogos(as) y diferentes figuras de guía, tenemos frente a nosotros a una generación que se ha denominado “generación de cristal”, jóvenes que tienen características particulares por la época en la que se han desarrollado, características como un fuerte apego y una destacada habilidad en la tecnología, una apertura a la diversidad sexual y de género, una preocupación por los derechos humanos y el medio ambiente, una visión globalizada y una mayor demanda de ser considerados y tolerados en sus síntomas emocionales, entre otras. 

Las nuevas generaciones llaman a normalizar prácticas y situaciones diversas en la expresión humana que escapan del molde de la cultura tradicional, llaman por otro lado, a no normalizar la rigidez en los roles y los tipos de violencia psicológica y verbal. Sin embargo, entre estos y otros supuestos, esta generación queda fuertemente confrontada con generaciones pasadas que los ubican como hipersensibles, como una generación que vive en la justificación y en la evasión, que son impositivos en sus posturas y que deforman las formas que nos rigen como el lenguaje o la identidad de género, que son dependientes y extraños. 

Sin embargo, más allá de la tolerancia y la intolerancia, la aceptación o el rechazo, la inclusión o la exclusión, ¿qué retos podemos tener los adultos en la guía de las nuevas generaciones? ¿qué puede existir entre rendirnos a la nueva filosofía o tratar de imponer la de nuestra generación? ¿pueden existir puntos de encuentro entre las dos miradas? ¿Puede existir un punto de equilibrio en el látigo que arrea y el cristal que puede romperse al menor impacto?

Como docente y psicólogo clínico, estoy convencido que el apoyo de las teorías del desarrollo psicosocial y su perspectiva, pueden brindarnos un punto de equilibrio para este encuentro de generaciones. El reto de las diferentes etapas de vida y las capacidades psicoafectivas que es necesario desarrollar para una adultez con mayor fuerza e independencia.

En esta consideración de las teorías psicológicas, una mirada a las necesidades psicoafectivas comienza con la presencia del guía. No puede existir una exigencia desde el abandono afectivo, no puede tampoco solventarse el momento de acompañamiento emocional con un regalo, unas vacaciones o incluso un proceso de psicoterapia. No podemos reclamar el resultado de una identidad adolescente que nos parezca extraña si no estuvimos presentes, entre más extraña nos parezca más habla de la ausencia que tuvimos en la construcción de dicha identidad.

Los niños(as) y jóvenes llamados de cristal, muchas ocasiones argumentan periodos de soledad muy prolongados, momentos en donde permanecen de manera flotante en sus dispositivos, que han tenido más presencia de las series y videos que de cualquier miembro de la familia. El primer punto de encuentro es el acompañamiento psicoafectivo, la guía, el modelamiento y sobre todo el afecto.

Otra de las necesidades psicoafectivas y de los retos del desarrollo radica en la construcción de la iniciativa y del autocontrol emocional. Es muy importante que niños(as) y jóvenes puedan desarrollar el sentimiento de logro, de autonomía y de autocontrol, y generalmente la necesidad surge desde la falta, desde la motivación para obtener lo que necesitamos o nos seduce y que no tenemos, y que además no tenemos otro camino para obtenerlo que nuestro propio esfuerzo. Sin embargo, la guía y el acompañamiento también son indispensables en este proceso, una presencia cercana, pero no ocupada en resolver a los hijos o alumnos los problemas, un guía que marca directrices y está al alcance, pero que permite y además estimula el desarrollo de las capacidades, de las fortalezas que son parte de la naturaleza humana. Creo firmemente que estas generaciones también pueden desarrollar dichas capacidades, solo hace falta que se den el espacio y la atención necesarias.

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Como estos dos ejemplos, existe una amplia gama de competencias emocionales a desarrollar en los niños(as) y jóvenes y que sin duda marcan una construcción de fortaleza, un material que no será tan fácil quebrar con una ofensa o una desconsideración. Es importante construir puntos de encuentro entre generaciones, no podemos tampoco despreciar los aportes que los más jóvenes están haciendo en su filosofía, en la aceptación de la diversidad, la tolerancia y un ágil funcionamiento cognitivo. 

Realmente existen puntos de encuentro entre el látigo y el cristal, existen puntos de equilibrio que principalmente los adultos tenemos que tomar en cuenta, quizá de la misma forma nuestros padres y maestros se acercaron y nos guiaron a pesar de que muy probablemente también les parecíamos rebeldes y muy, muy extraños. 

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